Le pido al Apostol Santiago que el Xacobeo 2021 no pase sin pena ni gloria para Asturias


Uno de los viajes de infancia que yo recuerdo con más cariño era cuando mi padre -normalmente a final de curso- cogía el coche y ponía rumbo a Santiago a ver al Apostol.  En el camino nos iba contando mil historias, y los más pequeños escuchábamos fascinados su devoción por aquel itinerario hasta Compostela.

Hace apenas dos semanas estuve en Santiago y fui a darle un abrazo a mi amigo de infancia, y a pedirle que Asturias y los asturianos sepamos aprovechar la oportunidad que nos brinda el Xacobeo 2021.

Tal como se presenta la coyuntura internacional, es posible que el contingente de extranjeros que se animen a hacer el Camino en ese año sea el más numeroso de la historia, y entre los españoles también está creciendo el conocimiento y el gusto por la Ruta Jacobea.

Será un Xacobeo en el año 2021, en el siglo XXI, una coincidencia histórica que no va a darse nunca más, y será el primero con los Caminos del Norte declarados Patrimonio de la Humanidad.

Bien es verdad que, como decía mi abuela «pa con Dios, la mano en el carro», o sea que, aunque Santiago se enrolle con nosotros, teniendo en cuenta que somos los legítimos descendientes de Don Alfonso II, vamos a tener que trabajar para conseguir el propósito de un xacobeo exitoso y único para Asturias.

Trazando una hoja de ruta a casi cuatro años vista, con objetivos realistas, es factible que nuestros Caminos comiencen a tener la implantación como marca jacobea que se merecen, tanto por su importancia histórica como por la belleza de los paisajes por los que transcurren, y por  la autenticidad de algunos paisanajes.

Asturias  -tanto a nivel ciudadano como institucional- debería elaborar un plan de trabajo en el que el Camino de Santiago tuviese la consideración de un gran proyecto de empresa, en torno al cual pueden articularse muchos otros, de muy diverso tipo y dimensiones.

El Camino de Santiago asturiano, el primero del itinerario cultural más conocido de Europa, y que extiende ya su magia a los cinco continentes, debe ser, a estas alturas del siglo XXI, a la par que una factoría de sueños y emociones, una fábrica de proyectos que generen recursos socio-económicos y que sean un factor decisivo en la fijación de población y crecimiento demográfico en territorios casi completamente deshabitados.

Alfonso y Santiago fueron los artífices de un espacio de espiritualidad que ha trascendido las fronteras de una religión o de una geografía, que ha sobrepasado los límites de una civilización concreta, para convertirse literalmente en patrimonio de la Humanidad.

Sin un monje asturiano llamado Alfonso y sin Asturias, nada de eso habría sido posible ¡Tal vez sea hora de concienciarse y aprovechar esa oportunidad providencial!

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