Qué le ocurre al Partido Socialista


Malos tiempos para el socialismo europeo. Tan malos, que hace tiempo que se habla sistemáticamente de su decadencia y no se perciben síntomas de recuperación. Al revés: una información reciente recordó que de los 28 países de la Unión, solo cinco están gobernados por partidos socialdemócratas y entre ellos ninguno de los grandes. El Partido Socialista español, el PSOE, no tiene mejor fortuna. Por mucho optimismo que le eche Pedro Sánchez cuando se reúne con militantes, ningún indicio confirma esa aproximación al Gobierno que predica el secretario general. Al revés: la multitud de encuestas que se publican le otorgan el tercer puesto en la clasificación. Eso no es estar cerca de ganar elecciones. Ni municipales ni generales.

A Pedro Sánchez no se le puede negar esfuerzo para salir del hoyo en que se hundió el partido después de Zapatero. No está en el Congreso porque renunció a ser diputado, pero viaja, visita las agrupaciones y en todas partes va dejando mensajes de ilusión. Pero hay algo que falla. Cuando celebra una convención bajo el título de Escuela de buen gobierno, algunos de los principales valores del partido declinan su asistencia o no son invitados, y eso transmite una imagen no solo de soledad, sino de algo peor: de desunión interna, alimentada además por el cultivo de la distancia que practica Susana Díaz. Pedro Sánchez debe reflexionar por qué todo lo que quedó de esa escuela en la opinión ha sido que este PSOE no le gusta a Javier Solana. Ese fue todo el balance.

Pero hay problemas de fondo mayores. El más importante es que el PSOE sigue sin traspasar el muro de la opinión ciudadana. Y eso ocurre porque no tiene un discurso solvente de oposición; porque no acaba de hacer propuestas de gobernación ante las crisis que vive el país y se queda en formulaciones de máxima vaguedad; porque carece de sensores del rumbo de la sociedad y pierde batallas fáciles como la de prisión permanente revisable; porque a Pedro Sánchez le sale un discurso blando, casi lírico, del que no resulta fácil obtener un titular y los titulares que salen ni tienen credibilidad ni juegan a su favor; y porque poco a poco va perdiendo su identificación con sectores de la sociedad que, como Felipe González, no se sienten representados por él.

Y hago un punto y aparte para una anotación final: hay demasiado rencoroso que sigue sin perdonar a Pedro Sánchez que haya ganado las primarias. Le ningunean, le niegan apoyo, parece que buscan su segunda dimisión. Todo esto confirma lo que llevamos años anotando: al PSOE le sobra instinto de suicidio. Si todavía sobrevive, es porque dos colectivos mantienen sus constantes vitales: una militancia fiel y mucho votante incapaz de cambiar.

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