¿Se va Gabino?

OPINIÓN

Gabino de Lorezo, junto al ministro del Interior, en Gijón
Gabino de Lorezo, junto al ministro del Interior, en Gijón

24 mar 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Gabino de Lorenzo es un personaje que se representa a sí mismo. Es, quizá, lo que queda de aquella pareja célebre que formó con Ramón Sánchez Ocaña en edad juvenil para divertir desde el escenario. Luego el flamenco, el boxeo y la política convirtieron a un ingeniero notable en un populista imprescindible en la Asturias de finales del siglo pasado y principios de éste. Se retira con seis elecciones ganadas en el feudo de Oviedo y sin un rasguño. Incólume aunque parezca increíble a quien conozca un poco las tripas de esta ciudad.

Si la salida de Gabino tiene truco no lo sabemos de momento, pero no puede despreciarse esa posibilidad. En cualquier caso se va con una presidenta del partido de ¡Gijón! y un sustituto de ¡Gijón! Increíble que ceda el paso tan fácilmente para pasear a los nietos -tarea digna donde las haya- salvo que esté tramando alguna maldad, le pesen demasiado algunos de los pufos que el tripartito sobrelleva como puede o que el ocaso del gabinismo asome definitivamente. Cosa rara pero no imposible.

Del alcalde flamenco queda una ciudad adecentada, peatonal, con losa sobre las vías y grandona, pero al borde de la quiebra. A Gabino, como a casi todos los políticos populares, le sobraron por lo menos las dos últimas etapas municipales, cuando ya no podía alardear de planes de choque y de pinchos para celebrarlo y la soberbia podía más que la agudeza y el olfato que exigía la ciudad del siglo XXI. El principio del fin, aparte del tropezón del catastrazo en el año 95, fue sin duda la monumental metedura de pata con el Real Oviedo. Quedaron tocados él y sus voceros pero como el fútbol todavía no lo es todo en la vida siguió imponiéndose en los comicios. Siempre tuvo una base electoral amplia que él estimuló porque en el regate corto era imbatible.