¿Para qué sirve un delegado del gobierno?


Estos días ha sido noticia que se ha jubilado el delegado del gobierno en Asturias con 75 años. Según alguna de sus correligionarias, en los últimos años ha ejercido el cargo con palabras burbujeantes, lo que las malvadas redes sociales han interpretado como estado de embriaguez.

La duda que surge es si ese ataque fue muestra de la inquina en la lucha partidista o realmente su labor no fue la adecuada. El gran problema es que si queremos hacer un balance de su gestión, ¿Cómo la hacemos? ¿Qué hace un delegado del gobierno? ¿Qué hizo Gabino de Lorenzo en los años que fue delegado del gobierno además de ir a saraos conmemorativos a lo que además enviaba en muchas ocasiones al antiguo miembro del PSOE Alberto Mortera?

Toda organización, pública o privada, sean cuales sean sus fines, necesita una estructura y necesita tener mandos descentralizados en el territorio que ocupa. Llamémoslo comunidad autónoma o diputación provincial es necesaria la administración periférica del estado. Como también son necesarios los concejos. Lo que tenemos que preguntarnos es cómo organizarlos.

Si nos olvidamos de la historia y los sentimientos, desde una perspectiva de profundización de la democracia y eficiencia tenemos el principio de subsidiariedad. Las competencias deben estar en la administración más cercana a la persona que sea eficaz en su gestión. Es decir, la gestión de los nombres de las calles parece lógico que lo decida el municipio, pero el ejército parece lógico que lo gestione el estado o incluso, si fuera posible la Unión Europea.

Bajo esa visión alejada de la irracionalidad de los sentimientos identitarios, sean estos para aglutinar como el españolismo o para separar como el catalanismo, es desde dónde debemos preguntarnos qué figuras de la administración pública deben permanecer y cuáles deben desaparecer.

El Estado está representado en cada comunidad autónoma por el presidente de la misma, como así lo reconocen las leyes, por lo tanto no es necesario que hay un delegado del gobierno que represente al estado, es duplicar representaciones. La interlocución entre comunidad autónoma y gobierno del estado se produce de manera directa entre ministerios y consejerías o bien en los diferentes órganos de coordinación de las comunidades autónomas que están en funcionamiento y que se reúnen periódicamente. Por este lado de representación o interlocución no es necesaria la delegación de gobierno.

Las competencias de sanidad, justicia y educación están trasferidas por lo que son gestionadas por la comunidad autónoma, así como la protección civil y una parte importante de las carreteras. No son, pues, estas funciones las que desempeña el delegado del gobierno.

En cuanto a las confederaciones hidrográficas o las autoridades portuarias, tienen sus propias estructuras de mando que pueden reportar y entiendo que lo hacen, de hecho, al ministerio y no a la delegación de gobierno.

Tampoco veo la necesidad de pagar el sueldo del delegado del gobierno para coordinar las labores del ministerio de Fomento en las carreteras estatales, pudiendo tener una estructura jerárquica profesionalizada y alejada de la política que realice su labor de forma profesional y técnica, ya que las decisiones políticas de calado, sean sobre el tipo de vía del túnel de la variante o sobre el trazado de una autovía se toman en el ministerio y no en el territorio.

Sólo quedan las competencias en fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que son las únicas que la prensa atribuye a los delegados del gobierno habitualmente. Pero realmente me preguntó si su presencia ayuda o entorpece. ¿Necesita realmente un comandante de la Guardia Civil un mando político por encima que esté entre él y sus mandos naturales dentro de la propia Guardia Civil? Tengo serias dudas sobre eso. ¿No es más lógico que la cadena de mando desde la dirección general esté profesionalizada aún cuando haya puestos de libre designación? ¿Qué aporta frente a la labor del ministerio el delegado del gobierno?

Es posible que alguien mencione la coordinación entre los cuerpos policiales, pero ahí sería más lógico preguntarse si no debemos redefinir las funciones de la policía nacional y la guardia civil, con criterios del siglo XXI y no de los tiempos que iban a caballo. Si las funciones estuvieran mejor delimitadas con menos coincidencia entre ellas, no sería necesaria una coordinación tan ardua y podría hacerse de otra forma. Aun así, me pregunto si realmente Gabino de Lorenzo estaba al frente del operativo, el día que los guardias civiles de Cangas de Onís tuvieron que pedir prestados los chalecos antibalas a los vecinos. ¿Realmente creemos que los delegados del gobierno que, o bien son políticos jubilados o bien políticos noveles buscando hacer méritos, están llevando el peso de la coordinación operativa de las cuerpos de seguridad del estado? Y en caso que lo estén haciendo, ¿nos fiamos?

La política es algo necesario y bueno, pero debe dedicarse a hacer política, la administración del estado debe funcionar de forma profesionalizada sin injerencias partidistas, buscando únicamente el bien común. En ese marco hay que preguntarse si la figura del delegado de gobierno no es una antigualla a eliminar.

Hace ya bastante años que algunos predicaban el apocalipsis con la desaparición de los gobernadores civiles. Sin embargo no parece que el país haya entrado en colapso por la desaparición de esa figura. Quizá sea la hora de avanzar un paso más en la modernización del estado.

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