Doctorado en triquiñuelas


Al final prevalece siempre la verdad. Cristina Cifuentes ha sido víctima de una conspiración universitaria, liderada por el rector de la Rey Juan Carlos, Javier Ramos. Ella no quería, ni le interesaba tener un máster, pero el rector, el catedrático Álvarez-Conde, algunos profesores, administrativos de la universidad, el capellán, ordenanzas y encargados de la limpieza, se empecinaron en adornar el currículo de la presidenta madrileña porque entendían que los méritos académicos con los que contaba no eran suficientes para lo espabilada que es.

Por eso ayer mismo, sin aguardar nada más que 27 días y 28 noches tomó la decisión de renunciar al título logrado con tanta dedicación y esfuerzo, asegurando que ella es ajena a las irregularidades y resaltando que no consideró que el favoritismo que le asistió pudiera ser motivo de agravio ante el resto del alumnado que se deslomó asistiendo a clase. Es la URJC la responsable única del desaguisado y, lo que es peor, del engaño a tan insigne alumna.

De ahí que cuando la presidenta Cristina grabó el vídeo asegurando risueña: «No me voy, me quedo», desconocía que no había redactado el trabajo fin de máster. Les ocurre con frecuencia a los prolíficos autores e investigadores, que no saben muy bien si escribieron o no una porrada de folios. Y cuando compareció ante la Asamblea madrileña para decir que había defendido el trabajo inexistente en diez minutos, se refería a la defensa que hizo ante el comité del partido.

Parece lógico que quienes cuentan con un buen número de licenciaturas, doctorados, másteres y cursos, como es el caso de Cifuentes, no recuerden aspectos de alguno de ellos. Por ejemplo, que se matricularon fuera de plazo, que no fueron a clase y que no realizaron exámenes y únicamente recuerden la nota final. «Por cierto, saqué notable», se jactó en aquel memorable vídeo. A cualquiera de nosotros nos hubiera ocurrido lo mismo.

Cifuentes se ha quedado sin su máster en Derecho autonómico. Una sacrificada. Pero ha hecho méritos para doctorarse en triquiñuelas, enredos, pretextos, cuentos chinos y embustes.

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