El alto potencial de Asturias existe


Y sin embargo algunos, o no lo han querido descubrir, o prefieren seguir tirando de la cuerda del gatopardismo.

Un potencial del que, en un informe reciente titulado «Growing united. Upgrading Europe's convergence machine», hablaba el Banco Mundial. Ese mismo informe, señala que Asturias es una de las regiones europeas con «potencial económico» alto. En España, solo País Vasco y Madrid aparecen en su mapa con un potencial superior (muy alto).

Si esto es así (que lo es), cabe hacerse una sencilla pero gran pregunta: ¿qué es lo que evita que converjamos con otras regiones españolas o europeas?

Me viene a la cabeza Por qué fracasan los países, el maravilloso libro de Acemoglu y Robinson, que explican que el factor más determinante para el desarrollo de un territorio es la actuación de su acervo político, que lo condiciona más que cualquier otro aspecto, incluso los recursos naturales, la historia o la demografía.

El Banco Mundial tiene en cuenta factores como la densidad de población, el acceso a los mercados, la educación, la calidad de sus instituciones, la inversión y los sectores estructurales. De esta forma, define las oportunidades que Asturias ofrece tanto a las empresas como a sus ciudadanos.

No todas las conclusiones del informe son acertadas, quizás por la falta de conocimiento exhaustivo de la realidad asturiana, por mucho que los datos sí que puedan arrojar luz sobre determinados ámbitos. Lo que resulta evidente, no ya por este informe, sino por todos los datos que conocemos, es que España (con Asturias a la cabeza) es uno de los países más desiguales de la zona euro. Y ahí incluso salimos peor parados los ciudadanos que nuestras empresas.

Redefinir el marco sobre el que debe actuarse es otro de los caballos de batalla que tiene Asturias en Europa, para hacernos acreedores de ese alto potencial del que disponemos. En este informe, en el que por cierto Asturias no está incluida como objetivo prioritario, se pone sobre la mesa una solución para distribuir mejor los fondos europeos; denominar y categorizar las zonas con más necesidades inmediatas de recursos como Zonas con Desventajas Demográficas Graves y Permanentes.

Por tanto llegó la hora de hilar fino para que sean verdaderamente integradores y vertebradores los recursos que lleguen de los Fondos Estructurales y de Inversión Europeos. Hemos perdido muchas oportunidades de reconversión y se han dilapidado montañas de dinero en lo que todos ya sabemos.

Acaba alertando el Banco Mundial de la importancia de las pensiones, la educación, una carga fiscal verdaderamente progresiva, la lucha contra la elevadísima tasa de temporalidad que afecta a los trabajadores, -los más jóvenes principalmente- y el pequeño tamaño de las empresas españolas, que se enfrentan a una falta de innovación y de crecimiento exterior que lastra la manida competitividad.  

Precisamente por ahí, y en línea con las necesidades y el potencial de crecimiento de Asturias, que se podrían incluir en los PGE de 2018, van algunas propuestas, que no tienen por qué ir en orden de prioridad:

1. Introducción de una fiscalidad verde; al carbono, a productos poco saludables, una tasa turística para el control y calidad de este sector, y a sectores y actividades que suponen un deterioro del Medio Ambiente

2. Reducción de impuestos a las empresas en las zonas rurales, buscando el compromiso de fijar población y el respeto a su entorno. En esto es primordial un acceso universal a la banda ancha y un aprovechamiento y uso de los recursos en manos de la ciudadanía

3. Impulsar la especialización y creación de agrupaciones de empresas con alto valor añadido, de tal forma que Asturias sea puntera en sectores como la tecnología, la agroalimentación, turismo rural o energías renovables. Tenemos grandes ejemplos de todas ellas en cualquier zona de nuestro territorio, ahora falta que se apueste por ellas y se invierta en la modernización de nuestro tejido productivo y en su proyección

4. Inversión en el transporte de cercanías y no en proyectos faraónicos, tratando de acercar servicios y calidad de vida a la ciudadanía, en lugar de lastrar el crecimiento de unas zonas en favor de otras. En definitiva, una movilidad sostenible y un estado del bienestar acorde a nuestra tierra

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