Una noticia que cambia una historia


Para los muchos españoles que ven su país como un inmenso basurero, lleno de ratas y aves carroñeras, toda la actualidad se centra en saber y comentar que Cifuentes manga, Bescansa traiciona, Cataluña se rompe, el PP es una cloaca y el PSOE un laberinto y un caos. También estamos descubriendo que los jueces son los malos; que el franquismo reverdece; que los muertos de la guerra siguen presos en Cuelgamuros, y que los ministros cantan en coro El novio de la muerte. Y, en el colmo de la basura, la Roma elimina al Barça, los banqueros solo saben desahuciar, los colegiales no desayunan, y Rivera -el mesías que ha de venir- es más facha que Rajoy. 

Pero el pequeño grupo de privilegiados que vemos España como un país tirando a bueno, con algunos fallos y muchas virtudes, precioso, sabroso y musical, tuvimos la suerte de enterarnos de que, de acuerdo con el último informe del FMI, el PIB per cápita de los españoles, en paridad de poder adquisitivo, ha superado al de Italia y se aproxima al de Francia, tras haber alcanzado en el 2017 la impresionante cifra de 38.171 dólares.

Para entender este contraste, podemos decir que el primer párrafo de este artículo es la historia que nos hemos montado, exacto reflejo de nuestro autodesprecio y de nuestros complejos, y una lógica consecuencia de haber encomendado la tarea de hacer una sociedad más plural y con más alternativas al populismo inmaduro y a todos los frustrados que reman por babor. Y que el segundo párrafo solo es una noticia que viene de Washington, de un grupo de expertos que miden a todos los países con la misma regla. Por eso conviene advertir que los dos párrafos son incompatibles entre sí, que solo uno de ellos puede ser verdad, y que cada español tiene que decidir, libre y sinceramente, a cuál de los dos le presta sus oídos, o, en términos literarios, si prefiere definirse como un pordiosero de nacimiento, o como un trabajador que, a pesar de tener problemas y pasar apuros, vive en uno de los escasos paraísos que subsisten en el mundo.

Los que vivimos en el paraíso también hemos leído que los Presupuestos del Estado siguen su curso, y que el acuerdo que los hizo posibles está firmado por un partido que lo puede exigir (PNV), porque sabe hacer política, y otro que lo puede pagar (PP), porque sabe economía y remontó el abismo de la crisis. Y por eso podemos creer que este panorama de miseria que narra la historia tiene mucho más de obsesiva ignorancia que de razonable apertura. Dicho lo cual, dado que ya estamos en el acueducto laboral del 1 de mayo, y muchos millones de españoles están viajando por las autopistas para ir a picar jamón en los chiringuitos del Levante, les propongo una canción pintiparada para cantar en el coche durante la excursión. La música es clásica, y la letra no tiene desperdicio: «¡Ay!, qué buenos son los nacionalistas vascos / ¡Ay!, qué buenos son, que nos suben la pensión».

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