Cleptómanos y cleptócratas


Una de las explicaciones que se han dado del sonrojante comportamiento de Cristina Cifuentes en un supermercado es que podría padecer cleptomanía, tesis alternativa al «error involuntario» que ha alegado la hasta ahora presidenta de la Comunidad de Madrid.

La cleptomanía es una compulsión patológica con tendencia irresistible al robo de objetos. De las explicaciones que da el Diccionario de términos médicos sacamos dos notas: el cleptómano o cleptomaníaco es un enfermo y los hurtos se repiten. El sustantivo cleptomanía está formado por los elementos compositivos clepto- (del griego kléptein ‘robar, quitar’) y -manía (del griego -manía), que tiene, entre otros, el significado de ‘impulso obsesivo’ o ‘hábito patológico’. Lo encontramos por primera vez en un diccionario de 1895 y después en una obra de Marañón, Climaterio de la mujer y el hombre (1919-1936): «En un número no escaso de mujeres climatéricas existen estados de aprensión y miedo patológico [...]. Se ha descrito asimismo muchos casos de “envidia morbosa”, dipsomanías, cleptomanías, etcétera».

La Academia introdujo cleptomanía en su diccionario en aquella época (1925) y la describió como «propensión morbosa al hurto», definición que ha mantenido inalterada hasta hoy. No es lo mismo que cleptofilia o cleptolagnia, una parafilia en la que se obtiene excitación sexual al cometer un robo. ¡Qué cosas! Pues lo contrario de la cleptofilia es la cremastistofilia, que consiste en lograr el gozo sexual al ser víctima de un robo o de un secuestro. El lector pillín creerá haber encontrado relación entre cremastistofilia y el caso de las cremas de la señora Cifuentes. Nanay. Esta palabra viene del griego cremastistes, que nada tiene que ver con los ungüentos para el cutis.

Cierran el círculo los personajes ocultos de este drama político. Son aquellos a quienes Cristina Cifuentes culpa de sus males, los corruptos, aunque tienen un nombre alternativo, cleptócrata, el «gobernante ladrón», en feliz definición de Seco. Cómo verá la cosa la Academia, que les ha hecho un hueco en la última edición del Diccionario, junto a cleptocracia, que define como «sistema de gobierno en el que prima el interés por el enriquecimiento propio a costa de los bienes públicos».

España no es una cleptocracia, pese al empeño de algunos, pero a veces lo parece.

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