ETA no se disuelve, delega


Cuando lo poco que queda de ETA hizo su primer anuncio de disolución, escribimos aquí que no pedía perdón; buscaba el perdón histórico para su inmenso historial de crímenes. Ahora, al leer la carta que ayer hizo pública, veo confirmada la tesis: ETA se disuelve, es verdad. Se disuelve porque no tiene más remedio que disolverse. Posiblemente sea la noticia más esperada del último medio siglo. A todos los periodistas nos preguntaron alguna vez cuál sería la noticia que nos gustaría dar, y todos respondimos: «el final del terrorismo». Creo que a partir de mañana lo podremos decir, aunque ya dábamos por desaparecida a ETA desde el día que decidió renunciar a las armas. Pero hay que detenerse en la forma y en dos detalles de su escrito.

La forma está intentando ser un ejemplo de técnica de propaganda, que consiste en algo tan sencillo y practicado como anunciar su decisión, volver a anunciarla, ponerle fecha y lugar, enviar una carta con el contenido y hacer la ceremonia final. El resto lo ponemos los medios informativos con nuestras crónicas, reportajes retrospectivos, recuento de víctimas, recuerdo de los atentados más dolorosos, intentos de negociación y especulaciones diversas. Esa operación publicitaria les está saliendo relativamente bien: desde su primer anuncio no hubo un solo día en que ETA no haya sido noticia. Y a veces, de primera página.

Los detalles de su escrito que deseo subrayar son: primero, que ETA intenta convencer de que su disolución es voluntaria; que deshace «todas sus estructuras» por su propia voluntad. Ese no es ni puede ser el relato que quede para la historia. ETA se disuelve porque hace años que la disolvieron la Guardia Civil, las policías española y francesa y la Justicia de ambos países. Como se suele decir, la derrotó el Estado de derecho. En el momento en que cierra su carpeta criminal, no tiene militantes ni capacidad de fuego. Lo que tiene son herederos de su mística que se pusieron el traje de demócratas para aprovechar las ventajas de la legalidad. Lo dice claramente la carta: apuesta «por la construcción del futuro desde un punto de partida nuevo».

El segundo detalle que confirma su operación publicitaria es esta frase: la disolución de sus estructuras «no cierra el conflicto que Euskal Herría mantiene con Francia y con España». ¿Qué diferencia hay entre estas palabras y las que escribía en la reivindicación de sus atentados? Mínima, porque sigue hablando de conflicto y lo mantiene abierto. Por tanto, vacía de fuerzas propias para actuar como un ejército, delega la ejecución de sus objetivos en las organizaciones que han sido su base social. Y Otegi, viejo militante, será el ejecutor. Felizmente sin armas. Eso espero.

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