Josu Ternera, el feminista feminicida


Ya empieza a ser una costumbre: ayer ETA volvió a disolverse. Lo ha hecho varias veces en los últimos tiempos y creo que hoy volverá a declarar su extinción en Cambo (Francia), ante eso que ellos llaman «observadores internacionales» y que en realidad no son demasiado observadores porque ya traen la observación prefabricada de casa. Pero qué importa eso a estas alturas. ETA cayó fulminada en el 2011 y ahora los etarras y sus secuaces quieren oficiar unas exequias con las que lavar de sus manos la sangre de las más de 800 víctimas asesinadas por esta turba de criminales a medio camino entre el supremacismo racial, el delirio colectivo y el totalitarismo.

El Estado de derecho y la sociedad civil los han acorralado y enjaulado. Punto final. Pero hay un hecho realmente llamativo en el comunicado leído ayer por el gudari Josu Ternera, que demostró una vez más su coraje al huir como una rata en el 2002, cuando el Supremo lo imputó por el atentando contra la casa cuartel de Zaragoza en 1987. Ese 11 de diciembre, ETA voló con un coche bomba cargado con 250 kilos de amonal el acuartelamiento de la Guardia Civil. Murieron once personas. Entre ellas, las niñas Silvia Pino, de siete años: Silvia Ballarín, de seis; Rocío Capilla, de 12; y las gemelas Esther y Miriam Barrera, de tres años. También fueron asesinadas Dolores Franco y Carmen Fernández. Solo unos meses antes, el 19 de junio, ETA segó la vida de 21 barceloneses en el atentado de Hipercor. Quince de las víctimas eran mujeres, entre ellas una embarazada y tres chiquillas de 13 a 16 años.

Podríamos recordar también los asesinatos de la bebé Begoña Urroz, de solo 22 meses, de la fiscal de la Audiencia Nacional Carmen Tagle o de la antigua dirigente etarra Yoyes, a la que Kubati ejecutó sin contemplaciones delante de su hijo de tres años.

Pero volvamos a la denominada Declaración final de ETA al Pueblo Vasco. En el texto, los mismos cobardes sanguinarios que durante su larga carrera criminal han robado la vida a sesenta mujeres hacen un ejercicio de corrección política para que nadie les pueda acusar de machismo. Asesinos sí, pero feministas como el que más. Solo faltaría. Incluso hay un párrafo que parece escrito por el mismísimo De Quincey, que en su libro Del asesinato considerado como una de las bellas artes sentenció: «Si uno comienza por permitirse un asesinato pronto no le da importancia a robar, del robo se pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente».

Porque el valeroso Ternera pudo empezar por asesinar -ya lo decidirá el Tribunal Supremo en su día-, pero todavía no ha llegado al extremo de faltar a las normas del lenguaje inclusivo. Una cosa es matar a cinco niñas -cinco ataúdes blancos- y otra muy diferente no decir «ellos y ellas» cuando toca. Por eso Ternera leyó ayer muy serio: «Los y las exmilitantes de ETA continuarán con la lucha por una Euskal Herria reunificada, independiente, euskaldún y no patriarcal...».

Si no fuese trágico, hasta resultaría grotescamente cómico ver a este feminicida luchando contra el patriarcado y la falocracia.

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