La perestroika que necesita el Estado


Analista electoral

España se desenvuelve en la Unión Europea y en el siglo XXI con una desigualdad social que es impropia de nuestro entorno y resulta obscena, con una intensidad punitiva que es predemocrática por autoritaria, porque no es rebelión, o por machista porque es violación, mientras se presenta en el mundo con un déficit objetivo de treinta premios Nobel que tenían que estar materializados.

El pasado no está resuelto y se manifiesta como una niebla que impide a los políticos distinguir los lugares de encuentro, lo que sucede ante cualquier materia que se quiera revisar y así es la España actual: habrá un gobierno de Ciudadanos con el PP o quizá con el PSOE, pero mientras dure, la convivencia en Cataluña resultará tan imposible como la suma de todos en un proyecto común. Este horizonte, tan torpe y tan dramático, es el existencial o histórico, porque convivimos con esto quizá desde siempre y de aquí a unos seis años seremos conscientes, una vez más, de haber perdido otra década.

En otras palabras, el orden de 1978 está siendo superado por la protesta de la sociedad, que es el factor más explicativo de los cambios que se están produciendo en España. La gente ya no se deja y se moviliza al margen o a pesar de los partidos políticos, porque más movilización social no está significando un mejor resultado electoral de Unidos Podemos ni del PSOE.

Si miramos a nuestro alrededor, tampoco es para tanto lo de prescindir del PSOE y el PP. Los franceses se deshicieron de su vieja nomenclatura y ahí está Macron eligiendo lo que es mejor para Francia, aunque perdiendo popularidad o sin salirse del guion del desplome a los dos años de legislatura, cuando Rivera esté ganando las elecciones generales en España. En Grecia y en Italia la socialdemocracia no explica nada y no es votada. En España sucede lo mismo, pero el sur no es de la mafia, luego no hay Movimiento Cinco Estrellas, sino el PSOE con el presupuesto y Unidos Podemos al 16 %. El PSOE ya es un partido del sur con oficina en Madrid, todo lo demás es decadencia y se comprende con Pedro Sánchez, porque no hace otra cosa que acompañar al PP mientras dure lo de Cataluña, que es intemporal.

Los partidos políticos creen ser los dueños de los espacios electorales y están muy equivocados, que le pregunten a Rosa Díez cómo funciona esto. O al BNG con lo de Anova, que organizó un electorado en cuatro meses donde antes no había nada. Mientras Pedro Sánchez espera con su militancia del otro lado del Manzanares, no sabemos a qué, aparecerá un tercero para disputar las elecciones generales a Albert Rivera. Y será cualquier outsider que sepa comprender y explicar España, tal y como es, para representar el salto cualitativo, la convivencia de todos, la solución negociada, el cambio cultural, la normalidad democrática y la perestroika que necesita el Estado. Quizá sea esto actualidad llegado el momento, está por ver, aunque lo principal ya está escrito en los números de la sociedad: si no es perestroika ahora, será ruptura después.

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