¿Dónde están los héroes de Podemos?


Cuentan los papeles -el papel lo aguanta todo, ya me lo dijo hace tiempo un concejal de Urbanismo- que al acto de autohomenaje de ETA en Cambo-les-Bains asistieron, entre otras celebrities como el sanguinario líder del Sinn Féin y del IRA Gerry Adams, representantes del PNV, EH-Bildu y Podemos-Euskadi. A cada uno lo definen sus compañías, como sabiamente aconsejan todas las madres.

En eso que algunos todavía llaman nueva política hay algo que me lleva sorprendiendo desde el primer minuto: su adanismo. Tanto Ciudadanos como Podemos creen que la democracia ha llegado a España con ellos y que solo con ellos está garantizada.

No, hombre, no. En la milenaria historia de España ya hubo una hermosa Constitución en 1812 y al menos tres etapas democráticas de cierta duración antes de que apareciesen por la puerta Podemos y Ciudadanos. El Sexenio Democrático, que empezó con la revolución de 1868 y terminó con el levantamiento del general Martínez-Campos contra la Primera República; la Segunda República, en la que se aprobó por primera vez el voto de las mujeres (también sin Albert Rivera ni Pablo Iglesias por allí) y que solo acabó cuando otro general, Francisco Franco, traicionó a sus superiores -el peor delito que puede cometer un militar- para alzarse en armas contra el Gobierno legítimo de la nación y desatar la infame Guerra Civil; y, ya a la muerte del dictador, España se regaló una Constitución que dio paso a la más duradera y próspera época democrática de nuestra Historia, la misma que Podemos y sus confluencias llaman con desdén «el régimen del 78».

Como Ciudadanos, a pesar de sus pataletas algo infantiles, respeta la Constitución, vamos a dejar su adanismo para otra ocasión y centrarnos en Podemos, que cada día nos da lecciones de democracia. Curioso. Porque entre los principales valedores de Pablo Iglesias está Jorge Verstrynge, que, como se sabe, llegó desde la ultraderecha a la Alianza Popular de Fraga, de la que fue secretario general, y ahora es un presunto izquierdista que lo mismo hace escraches que defiende las tesis de Marine Le Pen.

A lo que íbamos. Cuando ETA anunció su disolución final, leí con espanto la lista de asesinados por el terrorismo que el Ministerio del Interior tiene colgada en su web. Entre los nombres, están los más de 800 muertos de ETA y las víctimas de los yihadistas, el GRAPO, Terra Lliure, el Exército Guerrilheiro do Povo Galego Ceive, los grupúsculos de extrema derecha y otros lobotomizados. Entre esos muertos hay bebés, niños, políticos del PSOE, del PCE y del PP, periodistas, sindicalistas, funcionarios de prisiones, fiscales, jueces, policías, guardias civiles y militares.

El PSOE, el PP y el Partido Comunista -ahora disuelto como un terrón caducado en la amalgama de siglas de Unidos Podemos- pusieron sus muertos sobre la mesa para proteger una democracia que Iglesias Turrión desprecia. Muchos años antes, en 1936, el PSOE y el PCE ya estaban también ahí, luchando por la Segunda República. Muchos socialistas y comunistas murieron en la Guerra Civil o fueron paseados en la brutal represión orquestada por la Falange y Franco. Algunos todavía están en las cunetas por defender la libertad.

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