La injerencia, el arma silenciosa

OPINIÓN

11 may 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

En una de las secuencias más célebres del Tercer Hombre, reminiscencia cinematográfica considerada obra de arte, aparecen dos personajes en lo alto de una noria, ambos discuten sobre la exigua importancia que tienen «esos puntitos que caminan ahí abajo…» -metáfora de la dominación y la insignificancia humana-. Esta evocadora imagen me ha acompañado desde mi niñez porque me he sentido y me siento identificado con uno de esos puntitos y no le quepa duda de que usted podría ser también uno de ellos.

El anterior párrafo de estilo antisistema me parece muy apropiado para introducir una realidad que vuelve a renacer durante estos días, confirmando la existencia de maquinaciones, intrigas y confabulaciones universales, y aunque rechazo a los neuróticos conspiranoicos, en esta ocasión tengo que darles la razón.

A nivel mundial, es posible que la palabra de moda del año sea la de injerencia. La RAE nos aclara el termino con una precisión quirúrgica: «injerencia es introducir en un escrito una palabra, una nota, un texto, etc.». Que estamos siendo vigilados ya lo sabíamos, lo alertó el oxigenado Julian Assange hace muchos años, pero la acepción del término injerir no sólo se limita a la observación de los gustos populares con el fin de vendernos esto o aquello, sino que añade un matiz más audaz; alguien se está metiendo en nuestras vidas para modificar nuestros valores, opiniones y juicios. El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg confesaba hace unos días la utilización perversa de su creación por… alguien, con fines inciertos. Los expertos hablan de conjuras, tretas e intrigas de organizaciones secretas con el fin de desestabilizar a determinados gobiernos. Objetivos que logran mediante el control de la opinión pública: Trump, Brexit, Cataluña, Siria…