Dicen que Carlomagno es el padre de la Europa actual. Por eso la medalla al más europeísta del año lleva su nombre y se entrega en Aquisgrán, la ciudad donde falleció el monarca. La última le ha tocado al presidente francés, Macron, que trata de hacerle la resucitación cardiorrespiratoria a una UE donde Orbán dice que se han acabado las pérfidas democracias liberales. En el año 800, Carlomagno fue coronado Imperator Augustus por el papa León III en Roma. También fue el creador de la Marca Hispánica -un colchón fronterizo de los francos entre Occidente y la España musulmana- y del condado de Barcelona. A pesar de todos estos méritos, era analfabeto y solo muy mayor aprendió a leer y a escribir. De ahí que su firma, el mismísimo sello imperial, se redujese a un sencillo monograma: KRLS.

¿Les suena? Sí, en efecto, es la firma digital de Puigdemont en Twitter: @KRLS. Algún alma cándida podría pensar que este KRLS de Puigdemont es una especie de acrónimo de Carles. Pero eso sería creer mucho -pero mucho- en los elegantes elfos, las frágiles hadas, los gnomos barbudos y los gorditos querubines. Carles Magnus se identifica así en las redes sociales porque su ego es tan descomunal que solo el emperador carolingio está a su altura.

Como dijo aquí el gran Fernando Ónega, Puigdemont es el Ungido, el Mesías del secesionismo. Por eso firma con el mismo monograma que Carlomagno, del que se cree heredero. Y por eso ha ordenado que el líder postizo de la Generalitat, Quim Torra, no pise sus estancias imperiales: su despacho, el salón verde de Montserrat y la Casa dels Canonges. Porque son suyas y algún día volverá a ocuparlas. No ya como presidente de la república catalana. Será coronado emperador del Sacro Imperio Catalán. Como el otro KRLS.

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