El títere Quim Torra


En Cataluña hay un buen escritor Quim Monzó y ahora hemos descubierto que hay otro Quim que es un gran títere y titiritero: Quim Torra. En el día en el que el verano dejó de ser azul por la muerte de Antonio Mercero, tuvimos que volver a aguantar el castell verbal catalán. Qué pesadilla. Todo sería muy simpático y teatral, en modo farsa, si no hubiese un desafío secesionista fuera de la ley a un Estado de Derecho. Es una pesadilla y un desastre porque unos y otros han partido en dos a una sociedad, un daño irreparable. Quim Torra es un incendiario. Sus tuits y sus artículos lo retratan. Lean algunos de los que se escucharon ayer en el Parlament durante el debate del absurdo: «Vergüenza es una palabra que los españoles hace años que han eliminado de su vocabulario (…) Solo saben expoliar (…) Si seguimos aquí, corremos el riesgo de acabar tan locos como los mismos españoles (…) Lo que sorprende es el tono, la mala educación, la pijería española, sensación de inmundicia». Este es el nivel del personaje al que Puigdemont ha señalado con su dedazo para que sea su ventrílocuo. Y, mientras secesionistas y frente constitucionalista, todos, solo se escuchan a sí mismos en un desprecio absoluto por la ciudadanía. De ahí lo del pleno del absurdo. Pocas cosas tan delirantes se pueden ver hoy en día como las investiduras del Parlament. Tal vez algún partido del Dépor esta temporada y poco más. Cada vez más odio y desprecio para nada. Todo lo contrario de lo que se supone que debe ser el objetivo de la política y de los políticos. El suicidio asistido del diálogo. Encima las encuestas y sus cifras para incendiar más la pira. Un 48 % de los catalanes quieren un Estado independiente frente al 43,7 % que prefiere permanecer unido a España. Un 5,7 % no sabe lo que quiere y un 2,6 % no contesta. Pero es que un 70 % de los catalanes dice que también se siente español. Datos que manejan los partidos como tahúres en un partida que no conduce a ninguna parte. Solo a más 155, a más dolor, a más condenas, a más desobediencia. Una tortura al sentido común. La náusea.

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