Otra bomba para la estabilidad


La estabilidad política de este país es más voluble que las ideas. La última bonanza que pudo disfrutar el presidente Rajoy duró exactamente 14 horas. A las 7 de la tarde del miércoles, el jefe del gobierno recibía del PNV un certificado de salvación. A las 11 de la mañana del jueves, la sentencia del caso Gürtel lo ponía todo patas arriba porque condenaba al Partido Popular. Albert Rivera, que había sido clave para salvar la legislatura, amenazaba con un final abrupto de la misma. Pablo Iglesias incitaba a Pedro Sánchez a presentar una moción de censura. Xavier Doménech reprochaba al PSOE que estuviese dispuesto a presentarla en Madrid por la falsificación de un máster y no en el Congreso por una condena por corrupción. Y el interpelado Sánchez introducía una sombra de duda al decir que «esto implica políticamente a Rajoy».

No es extraño que, ante todo ello, el PP se haya lanzado en tromba a refugiarse en el magistrado que emitió un voto particular para sostener que el PP no se lucró con la trama. Y es menos extraño todavía que haya puesto a sus portavoces a predicar que no ve condena penal por ninguna parte y que la sanción solamente es civil.

Se trata de una manipulación para amortiguar el golpe, reparar el deterioro del nombre del partido y tratar de superar el impacto de la noticia. Las penas impuestas a los acusados son duras, incluso ejemplarizantes, pero la sanción al PP es un material inflamable en boca de los partidos de oposición.

El presidente Rajoy, tan rápido en celebrar el miércoles los Presupuestos, no mostró la misma rapidez para comentar el jueves la voz de la Justicia. Lo entiendo: una declaración sin preguntas sería demasiado fría y una declaración con rueda de prensa tendría demasiados riesgos porque dos de los magistrados dudan de su testimonio, no les parece verosímil, y consideran probada y con «pruebas contundentes» la existencia de caja b con «una estructura financiera y contable paralela a la oficial al menos desde 1989». Grave conclusión de los jueces, que afecta a todas las direcciones del PP de los últimos 30 años.

Opinión personal: la gravedad de la sentencia no la pueden disimular los portavoces del PP. La debilidad de sus argumentos transmite la sospecha de que tratan de engañarnos. Ahora bien: una moción de censura en estos momentos sería una bomba de racimo.

La sentencia del caso Gürtel no aporta nada que no supiéramos ya, solo le aporta rigor judicial. Ahora que tenemos Presupuestos y Cataluña está como está, meternos en la inestabilidad de una censura y en un cambio de gobierno con socios como Pablo Iglesias, que a lo mejor tiene que dimitir, es una operación de altísimo riesgo. Si hay que hacer algo, lo mejor es que nos llamen a votar.

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