Errores de los que aprender


Redacción

La moción de censura de Pedro Sánchez nació aparentemente débil el jueves, se dio por muerta el fin de semana y resucitó sorprendentemente a mitad de semana para acabar ganando. ¿Resultado de una gran estrategia dirigida a salvar a los españoles? No. Puro y mero tacticismo, producto de los intereses de los partidos por defender a cortísimo plazo lo suyo.

Que Rajoy llevaba demasiado tiempo arrastrando demasiadas cargas es un hecho. Que Ciudadanos _el gran perdedor de esta operación_ quería desgastar a Rajoy, buscar unas elecciones que cree que tiene ganadas y por eso no respalda a los socialistas, también. Que Sánchez presentó su iniciativa porque al no tener escaño en el Congreso parece que está ausente de la vida política y le hacía falta un golpe de efecto, parece evidente. Y que el PNV no decidió su voto hasta que se le garantizó el trozo del pastel que había pactado con el PP, también.

Pero llegados aquí, y salvo una improbable dimisión de Rajoy in extremis que no haría más que emponzoñar un poco más la situación, Pedro Sánchez va a ser el próximo presidente del Gobierno. Y eso significa que debe abandonar el tacticismo, tratar de llevar a buen puerto el barco pero, sobre todo, aprender de los errores que han llevado la política española a la situación actual.

Encaramado a la presidencia del Gobierno, es lógico que Sánchez quiera saborear el momento. Pero si, como parece probable, no logra gobernar con sus 84 diputados sería un error buscar apoyos parlamentarios a cualquier precio y con cualquiera, porque un presidente y un partido de gobierno deben defender su programa, hacer concesiones lógicas pero teniendo siempre claro que para permanecer en el sillón no todo vale. Y porque cuando compruebe que está en un callejón sin salida, tiene en sus manos la solución: la convocatoria de elecciones. Una salida, pero también una forma de medir si con su actuación se ha ganado el respeto de los votantes. Algo de lo que no anda muy sobrada la política española.

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