España, en manos de sus enemigos


Sea cual sea el desenlace del drama político que a partir de hoy se representa en el Congreso, el proceso por el que hemos llegado a este punto demuestra una progresiva degeneración de los partidos políticos de ámbito estatal que parece conducir, sin ánimo de exageración, al suicidio de España como nación. Resulta muy difícil explicar que, habiendo en el Congreso tres fuerzas políticas que defienden con firmeza la unidad de España y la vigencia de la Constitución, y que suman entre las tres una mayoría abrumadora de 254 de los 350 escaños (321 para quien incluya a Unidos Podemos entre los constitucionalistas), sea posible que el futuro del país y la decisión de quién debe ser el presidente del Gobierno esté exclusivamente en manos de cuatro partidos que tienen en común el objetivo de separarse de España y acabar con la Constitución, y que solo suman entre todos ellos 24 escaños (ERC 9, PDECat 8, PNV 5 y EH Bildu 2).

Triunfe o fracase la moción de censura, si es que no se retira en el último segundo o decae en caso de que Mariano Rajoy presentara su dimisión, el hecho de que los españoles se levanten hoy con el corazón encogido y sabiendo que el color del Gobierno de su país lo van decidir los enemigos de España constituye un atropello a la razón que debería hacer reflexionar a todas las fuerzas políticas estatales. Algo han hecho muy mal.

Naturalmente, el principal responsable de esta situación es el líder del PSOE, Pedro Sánchez, que sabiendo ya que la única oportunidad de convertirse en presidente pasa por ser aupado al cargo con los votos de quienes quieren desmembrar España, incluidos dos partidos que han dado un golpe para tratar de conseguirlo, se niega a retirar la moción para alcanzar por otra vía un acuerdo que permita el objetivo, legítimo, de destituir al presidente del Gobierno. Pero también Mariano Rajoy tiene su cuota de responsabilidad en el hecho de no ser ya dueño de su futuro. Haber fiado la estabilidad de su mandato a acuerdo presupuestario con el PNV es la enésima trampa de los nacionalistas vascos en la que cae un Gobierno de España. Como siempre, el PNV guarda su carta hasta el último segundo para actuar en función de su propio interés, sin entender de pactos o lealtades. Mariano Rajoy debió prever que su futuro dependía más de la sentencias del caso Gürtel que de sus acuerdos con el PNV y tener preparado ya un plan para el caso de que todo se volviera en su contra que no pasara por hacer súplicas desesperadas de última hora a un nacionalismo vasco al que le importa muy poco su futuro y el de España.

La corrupción del Partido Popular ha debilitado a Mariano Rajoy. Y tratar de destituirlo con una moción de censura es absolutamente democrático. Pero cualquier Gobierno cuyo nacimiento y subsistencia dependa de los votos del nacionalismo secesionista es un Gobierno preso, inestable y a merced de los enemigos del país.

Rajoy ya lo ha comprobado. Pedro Sánchez lo comprobaría pronto si mañana se convirtiera en presidente. Esperemos que para cuando todos aprendan la lección no sea ya tarde para España.

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