Hasta la ausencia final


La serie Unabomber cuenta cómo el FBI caza a Ted Kaczynski, el matemático que enviaba por correo cartas explosivas y paquetes bomba. El asesino escribió un manifiesto que fue su sentencia. La investigación lingüística fue la clave. Hay una escena en la que una profesora universitaria le regala una nueva perspectiva al protagonista. Le habla de la patria eslava. Le explica que en el año 600 el pueblo eslavo apareció de repente por gran parte de Europa. Pero se desconocía su origen. Era un misterio sin resolver. Hasta que comenzaron a analizar su idioma. El protoeslavo no tenía palabras para los árboles y tenía que tomarlas prestadas de otros idiomas. Nada de robles. Ni hayas. Ni pinos. Así fueron tachando lugares del mapa: todos aquellos en los que hubiera estas plantas. Al final, solo quedó el valle del río Pripyat, en Ucrania, el único sitio de Europa en el que no había todos aquellos árboles. La patria eslava. Habían pasado mucho tiempo estudiando lo que aportaba el protoeslavo. Pero lo que no estaba dio las pistas definitivas. Las ausencias definen tanto como las presencias. Mariano Rajoy se encomendó al ti vai facendo por omisión en un buen número de asuntos del pasado y del presente. Decía la palabra «Constitución» y se sentía seguro, como los niños que gritan «¡casa!» cuando tocan el tronco o la pared salvadores jugando al escondite. Sobrevivir mientras los otros se devoran en sus luchas intestinas. La filosofía del «yo pasaba por allí». Y eso, cuando no se tiene la mayoría absoluta, es una ruleta rusa. 

En cuanto a la oposición, las líneas rojas de ayer son los semáforos en verde de hoy. Lo ocurrido tendría que ser una buena ducha fría para los compradores de dogmas, para los vendedores de los «nunca» y los «siempre». Esquerra Republicana apoya al PSOE, «un partido del 155». Pedro Sánchez toma del brazo a los independentistas después de llamar xenófobo a Quim Torra. Podemos, que dinamitó las opciones del socialista cuando este buscó aliados exigiendo la Vicepresidencia y el CNI, ahora pone alfombras. Queda también para la historia la marcha atrás de Coalición Canaria, que pasó del «no» a la abstención en la moción de censura cuando le vio asomar las orejas al PNV. Que nadie diga que no apoyan al presidente del Gobierno en potencia. Más vale prevenir que curar. Un partido con visión de Estado.

Una vez más es necesario recordar que la medida de un político la dan sus adversarios. El Congreso ayer fue un juego de espejos que reflejaban tallas más bien pequeñas. ¿Alguien allí pensaba realmente en los votantes más allá de su condición de catapulta que dispara hacia el poder? No lo parecía.

En este festival de presencias, Rajoy brindó otra espantada. Dejó solos a los suyos para enclaustrarse con un puñado de cargos populares en un restaurante de Madrid durante horas. De ausencia en ausencia, hasta la ausencia final. Un tópico dice que la gente tiene los políticos que se merece. Es muy duro pensar que España no puede aspirar a un líder y a una alternativa mejores.

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