Presidente contra el deseo popular


Consumatum est. Se acabó la era Rajoy y hay que decir que él le puso un cierre muy elegante. Discurso de un caballero. El titular de hoy ya es «Pedro Sánchez, presidente». Ha cambiado el cuento. La conmoción política es notable, pero cuando Ana Pastor proclamó el resultado, en la calle no se registró ningún seísmo, la bolsa subió y la prima de riesgo siguió bajando. Solo vibraban los medios audiovisuales. Solo se veía una inmensa tristeza en los diputados del PP, los del PSOE agotaron el cupo de besos y abrazos, solo les faltaba declarar fiesta nacional, y los de Podemos se pusieron a entonar el «sí se puede»: tales eran las ganas que tenían de «echar a los corruptos de las instituciones». A esa hora, José Juan Toharia me hacía llegar su Pulso mensual, un solvente análisis de encuestas con casi 7.000 entrevistas. Fíjense qué cosas decían los españoles poco antes de la moción de censura: la prioridad para el 61 % era adelantar elecciones; Unidos Podemos superaba al PSOE en intención de voto; solo un 21 % preferían un Gobierno del PSOE presidido por Pedro Sánchez, y solo un 16 % deseaban la continuidad de Rajoy al frente del Ejecutivo. De todas estas preferencias ciudadanas, solo se ha dado satisfacción a la última. Sánchez está en el poder contra el criterio del 79 %, a Unidos Podemos no le sirve de nada haber dado el sorpasso al PSOE, y no se produjo el adelanto electoral. ¡Qué fiasco para la inmensa mayoría! Una moción de censura es legítima, pero no tiene por qué ser representativa.

Cito este estudio de Toharia para resaltar las dificultades con que se encuentra Pedro Sánchez. No trato de amargar su primer día de gloria, pero tiene que demostrar talla ante esa parte tan notable de la población que no lo acaba de ver como gobernante. Tiene que convencer a unos medios informativos reticentes que califican al nuevo Gobierno de inviable o temerario. Tiene que nombrar un Gobierno de peso, que le dé categoría. Y tiene que torear desde el minuto uno a quienes le auparon: a los que gritan el «sí se puede» y a los que tienen un solo dios verdadero que se llama Puigdemont.

Y es que, miren ustedes por dónde, la primera prueba puede ser ese señor Puigdemont. ¿Se imaginan que Alemania lo extradita por el delito de rebelión? ¿Lo imaginan ingresando en una cárcel para mucho tiempo? Pues recuerden lo que Quim Torra le pidió ayer a Sánchez: que resuelva la crisis de los presos y «exiliados» catalanes. Ya saben ustedes que estos nacionalistas no distinguen muy bien entre Justicia y Gobierno y por eso le piden al Gobierno que enmiende decisiones de los jueces. Espero ansioso el desenlace. A partir de él les diré si creo o no en la capacidad taumatúrgica de don Pedro Sánchez Pérez-Castejón.

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