Las cinco necesidades del PP


«Nadie habla de mí», dijo García Margallo al ver los periódicos de ayer. Y, efectivamente, la prensa, tan caprichosa como el destino, había decidido que las votaciones del PP son un mano a mano entre dos damas, Dolores y Soraya, y como mucho se podía contemplar un pecaminoso ménage à trois en el que el varón es Pablo Casado, y no el muy meritorio Margallo. Después vino la contabilidad de los avales, y Casado volvió a confirmarse como el más trabajador, en medio de la pena por las dudas de sus dichosas convalidaciones, oportunamente servidas no se sabe por quién y quizá anticipo de una campaña celebrada bajo el grito de «al suelo, que vienen los nuestros». Borrado Feijoo de la contienda, todo es un delicioso morbo por ver cómo las damas se tiran de los pelos y qué mercancías venden todos a sus afiliados en el mercado político de verano.

El cronista se sienta a ver el espectáculo. Dolores ya envió el recado de que ella siempre dio la cara por el partido y se la rompieron, que es una forma de decirle a Soraya que se escabulló cuando caían chuzos como los papeles de Bárcenas. Soraya ya presentó su credencial de eficacia en la coordinación de gobiernos, quizá pensando más en la presidencia de España que en la del partido, que solo es el escalón anterior. Y Casado bastante tiene con defenderse a sí mismo, pero quiere el más difícil todavía: ser es la síntesis de Aznar y Rajoy, la renovación y el relevo generacional. Margallo, que tiene escritos tropecientos libros y artículos sobre las necesidades de España, podrá comprobar que en estas lides la brillantez de las ideas palidece y se convierte en material de desecho.

Y el público votante, es decir, los afiliados, ¿qué dirá? Este cronista cree que todavía están que no se lo creen: van a poder votar como votan los blancos a su jefe o jefa, aunque después se volverá a votar en el congreso. Cree también que andan llorando por las esquinas el no de Feijoo, porque don Alberto les obligaba a pensar menos: él era el presidente natural y punto, que diría don Manuel. Y cree que están tan confusos como los espectadores.

Este cronista les daría un consejo en trance tan delicado: piensen cuáles son las necesidades del partido. La primera, recuperar el poder. La segunda, encontrar un rostro más amable que les permita ganar la simpatía de los demás partidos por si es precisa una coalición. La tercera, tener a una persona sin responsabilidad alguna en los juicios que faltan por celebrarse. La cuarta, atraer el voto joven, que el PP se está quedando en partido para mayores. Y la quinta, aportar savia nueva que devuelva la confianza después de tanta depresión. A mí me sale un nombre, pero, obviamente, no lo voy a escribir.

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