La Manada y la normalidad


Las redes arden. Las calles arderán. Y el detonante es el mismo que a finales de abril dio lugar a una poderosa ola de indignación ciudadana, la sentencia a la Manada. De aquel polémico fallo que no contentó a nadie y puso en un brete al sistema judicial español emana una nueva decisión tan legal como controvertida: la puesta en libertad condicional y bajo fianza de 6.000 euros del Prenda y sus colegas es, según los expertos, legal, ajustada a derecho e incluso «normal», pero este caso ha generado una situación de alarma y anormalidad social.

Las heridas que no se habían cerrado vuelven a sangrar. La sociedad sigue traumatizada por aquel relato de la víctima que oficialmente se creyeron dos de los tres jueces autores de aquel fallo. Y no entendió entonces un castigo que consideró liviano. Menos aún ha entendido la decisión de la Audiencia de Navarra: incluso los más mesurados cuestionan que pueda haber riesgo de fuga y riesgo de reiteración delictiva. Señalan que varios de los condenados tienen otro proceso pendiente por un caso similar y algunos, con airada sorna, apuntan que estos cinco ciudadanos ejemplares quedarán libres a tiempo de participar en los siguientes Sanfermines o en cualquier otra fiesta popular. Según la ley son culpables. ¿Por qué no dejarles en prisión provisional?

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