¡Cómo cambió el cuento!


Guste o no guste, ya se nota el vuelco del Gobierno. Se nota en todo, en las formas y el contenido. Las formas, como se sabe, son de márketing, pero están logrando que nos hagamos a la idea de que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno, tarea que no parecía fácil. Incluso cabe la posibilidad de que haya elegido París y Berlín como sus primeras visitas, rompiendo la tradición de viajar a Rabat, porque son los lugares donde el poder luce más. Esa salida del presidente de la República Francesa a recibir a su invitado y subir con él la escalinata del Eliseo entre guardias de imperial uniforme bien merece una foto. Y esa llegada a la cancillería de Berlín entre músicas militares, ese paseo ante las tropas formadas, satisfacen la vanidad de cualquier político. Por parte de Sánchez, asignatura superada: los ciudadanos españoles ya hemos visto que tiene el poder y se le reconoce.

En cuanto a los contenidos, comenzó la movida. Palabras hasta ahora malditas para los gobernantes, como la eutanasia, se abren camino legislativo y dejan otra vez al Partido Popular en soledad parlamentaria. Acciones que parecían intratables como el acercamiento de presos de ETA se hablan con toda normalidad, aunque se establezca un principio de humanidad (mayores y enfermos) para no poner a las víctimas en pie de guerra. También se asume el acercamiento a Cataluña de sus políticos encarcelados, cuando en tiempos de Rajoy (hace solamente un mes) ni se planteaba. Y además, la asistencia sanitaria universal, la exhumación de Franco del Valle de los Caídos, la memoria histórica…

Mariano Rajoy debe contemplar el panorama desde su Registro de Santa Pola como el Dios del bardo gallego al mirar entre las nubes: «Si este é o mundo que eu fixen, que o demo me leve». El cambio es esto: cuando Rajoy gobernaba, todo lo que tenía que hacer en su última etapa era ponerle el medidor a la prima de riesgo y cuidar que el PIB se mantuviera alto; la política se había paralizado, porque Cataluña estaba en los tribunales y en el Parlamento se podían perder las votaciones. Ahora con Sánchez, el medidor se aplica a la satisfacción de quienes le apoyaron en la moción de censura y la política vuelve a dar señales de vida. La contraria de la que haría Rajoy, por supuesto.

De momento, ninguna objeción: ha cambiado el ciclo, han cambiado los protagonistas y han cambiado los objetivos del Gobierno. Sánchez solo tiene dos problemas: uno, convencer a la oposición de que cuanto está haciendo no es un pago por su investidura. Otro, convencernos a todos de que su obra de gobierno responde a la coherencia de un programa y no es un conjunto de improvisaciones para llenar dos años de legislatura y después… «Dios proveerá».

Valora este artículo

3 votos
Comentarios

¡Cómo cambió el cuento!