Descarbonización y futuro


El debate sobre el futuro de las fuentes de energía alcanza su punto álgido, falta por afinar las fechas en las que se hará efectivo el cierre total de la actividad minera y la eliminación de las centrales térmicas. La primera, por ineficiente en un mercado global; ambas, incompatibles con las necesidades medioambientales.

Las consecuencias para Asturias son imprevisibles; la incidencia que la extracción del carbón tiene sobre la ocupación en ciertas comarcas aún es importante; si bien, lejos de las «rentas pasivas» generadas por miles de pensionistas, vinculados al régimen minero, que aportan recursos, más fuera que dentro de las denominadas «comarcas mineras».

La actividad de las centrales térmicas, pareja al empleo generado, es determinante en el sector industrial; su repercusión trasciende a los accionistas directos (enriquecidos con avaricia por el precio de la energía) y se proyecta sobre la viabilidad económica de las «empresas tractoras» de nuestro tejido productivo regional.

Asturias es un espacio geográfico, con entidad histórica, carente de viabilidad económica, si se eliminan los dos sectores generadores de empleo y riqueza a lo largo del último siglo; el sector minero (en fase terminal) y el sector industrial (dependiente de la energía que consume).

El empleo generado por la administración pública (local, autonómica, central), sumado a la actividad inducida en el sector servicios, relacionado con iniciativas privadas, no puede ser el soporte que se nutra nuestro modelo económico; seríamos unos irresponsables si nos resignáramos a ser una región de «funcionarios, comerciantes y pensionistas».

Recuerdo que allá en la década de los años ochenta se elaboró un «Plan de Desarrollo Regional» (PDR); se respondía al cambio de un modelo autárquico a otro abierto y competitivo; se suceden las décadas y nuestra estructura demográfica, cada vez más envejecida, sobrevive entre unas comunicaciones deficientes, la falta de una clase empresarial emprendedora y la actitud mendicante y endémica que reclama la solidaridad del estado español.

Es algo más que la «descarbonización» sobre lo que deberíamos hablar, tendrá que llegar el día que dejemos de anteponer nuestro pasado glorioso, al compromiso que con la sociedad adquieren, en el ejercicio de su responsabilidad, los interlocutores empresariales, sindicales y políticos, pues por encima de todo se encuentran los intereses colectivos de un pueblo.

Seamos coherentes, olvidemos el cortoplacismo y las actitudes corporativas, solo definiendo un proyecto compartido y sumando los esfuerzos de todos, la sociedad verá reflejada sus expectativas; háganse dignos de ser nuestros representantes, pueden estar seguros que, como hemos demostrado a lo largo de nuestra historia, seremos los primeros en trabajar por el progreso de Asturias.

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