Tiburones al acecho


Los dos años que Pedro Sánchez pretende permanecer en Moncloa se le van a hacer muy largos. Los gestos, sin duda positivos, como acoger a los migrantes del Aquarius, exhumar los restos de Franco, echar a Huerta o doblar el exiguo presupuesto destinado a combatir la pobreza infantil, se agotan. Y la propaganda del presidente, ideada por su gurú de la comunicación y jefe de gabinete, conocido ya como Iván el Terrible, que por lo visto se cree un genio y el inventor del márketing político, ya se ha demostrado ridícula y contraproducente. Legislar con solo 84 diputados supone depender de Podemos, los independentistas catalanes y el PNV. Es como nadar en una piscina llena de tiburones voraces que acechan para lanzar sus dentelladas. Se está viendo con el nombramiento del presidente de RTVE. Ceder la prerrogativa de nominarlo a Pablo Iglesias ha sido un error mayúsculo y muy peligroso. Como era de esperar, ha tratado de colocar a un periodista afín sin ninguna experiencia de gestión ni conocimientos de radio y televisión. No es una sorpresa, sabiendo cómo entiende Iglesias la libertad de expresión y la función de los medios de comunicación. El cambio que necesita imperiosamente RTVE no puede consistir en sustituir el período negro de José Antonio Sánchez, al servicio del PP, por el control de Podemos. Tras un mes de estado de gracia, Pedro Sánchez está constatando el enrevesado escenario al que se enfrenta con un Iglesias dispuesto a asumir el máximo protagonismo posible, lo cual suele anunciar desaguisados; los independentistas redoblando su pulso, con el sectario Torra al frente; y los nacionalistas vascos reclamando su cuota de poder, una vez asegurado su botín en los Presupuestos.

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