Corinna y Schengen

Luis Ordóñez
Luis Ordóñez REDACCION

OPINIÓN

15 jul 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Van ya varios días de grabaciones de la princesa Corinna contando con pelos y señales el proceder fraudulento en los negocios del rey emérito Juan Carlos primero de su nombre y la queja de rigor (está en el manual del columnista progre) es lamentarse de que tal noticia no haya tenido la repercusión que merece. La comisión por el AVE saudí que se menciona es quizá lo más paradigmático; ahí está Corinna, saltando del inglés al castellano con una alguna expresión en francés para hacer el dibujo definitivo de que la la cúpula del 'capitalismo de amiguetes' que rige en España no puede ser otra que la propia monarquía. No puede causar conmoción, en realidad, porque todo se venía diciendo pero con otras palabras: nuestro monarca más campechano ha sido presentado durante décadas como el principal activo de la diplomacia empresarial en la economía global y sólo los papanatas podían suponer que esto era gratis.

No causa ningún drama ni hay revueltas en las calles porque lo que no cuentan en el manual del columnista progre es que para que llegue la república tiene que venir al trote de los bárbaros de Kavafis, no que no lleguen sino que al final no sean para tanto, que los semáforos sigan funcionando y circulen las ambulancias. En el imaginario colectivo hay un esceptismo infinito sobre la probidad del que vaya a ocupar el cargo más elevado que se conciba y que será igual el latrocinio con reyes o presidentes republicanos; aunque no es cierto porque a los segundos se le cambia en un plazo reglado y eso dificulta las cosas y además no resulta una tragedia shakespearana que se puede llevar a los tribunales a un familiar del presidente de la república y hacerlo con uno del rey sí lo es. Con todo, y aunque el mejor de los hombre ocupara el trono, el sistema seguiría siendo corrupto porque la herencia del poder es una corrupción en sí misma. Quizá el republicanismo actual debería dejar atrás muchos tesoros preciados para no caer en el fetichismo. También me gusta la tricolor pero aceptaría de buena gana, y otros les entraría mejor, una república que dejara la bandera rojigualda. Importa la república, no el trapo.

No se habla mucho de esto pero es que esto tampoco va a pasar mañana. Ha pasado casi inadvertido, y esto sí que debería haberse discutido mucho más abiertamiente, el primer crack del conservadurismo español en su relación con Europa. Ha sido un crujido sordo hacia el euroescepticismo que primero Estaban González Pons y luego Pablo Casado como candidato a la presidencia del PP hayan hablado de suspender el espacio Schengen de libre circulación en la unión como protesta porque no les ha parecido bien el funcionamiento de la euroorden en el caso de Puigdemont en Alemania.