La playa de San Lorenzo, caso extremo de la crisis del «Paraíso Natural»

Mancha en la playa de San Lorenzo de Gijón tras las fuertes lluvias
Mancha en la playa de San Lorenzo de Gijón tras las fuertes lluvias

Después de la crisis de la minería, la siderurgia y la construcción naval asturianas, parecía que la calidad del medio ambiente, el paisaje y las playas del Principado eran las verdaderas bazas con que éste podía contar de cara a la generación de riqueza que derivaría, tanto del turismo estival, como de todo tipo de actividades avanzadas (centros de enseñanza superior, investigación y alta tecnología, terciario innovador) que buscasen un ambiente privilegiado, un clima agradable, excelentes o incluso excesivas infraestructuras de comunicación, un medio urbano de suficiente tamaño y complejidad como para garantizar todo tipo de servicios, y una oferta cultural variada. Esta parecería ser la verdadera apuesta estratégica de una antigua región industrial castigada por crisis sucesivas, pero que mantenía y potenciaba sus riquezas y atractivos naturales.

Pues bien, los acontecimientos de los últimos años, en particular la paralización en 2014 por parte de la Audiencia Nacional de la nueva depuradora del Este de Gijón a resultas de las denuncias de los vecinos de la colonia del Pisón, seguida de los gravísimos episodios de contaminación en la playa de San Lorenzo a lo largo de la primavera y el verano de 2018, desmienten esas prometedoras perspectivas. Además según relataba recientemente Susana D. Machargo en este mismo periódico y Juan Carlos Gea en un artículo anterior, Gijón es un caso extremo dentro de una serie de problemas graves que afectan a los sistemas de canalización, almacenamiento, depuración y vertido de las aguas residuales urbanas e industriales de una serie de poblaciones costeras de la región.

En estas líneas me centraré en lo que sucede en Gijón por su carácter ejemplar y extremadamente grave dado su tamaño y relevancia a nivel nacional. Lo expondré a través de una serie de preguntas concatenadas.

¿Cómo es posible que un asunto de interés general como es el de la salud de 300.000 residentes, además de otras decenas de miles de visitantes veraniegos, se haya tratado con esa ligereza sabiendo que la localización de la depuradora chocaba frontalmente con los intereses de los vecinos de la colonia del Pisón y que éstos habían denunciado su situación ante la justicia?

¿Cómo es posible que desde el pronunciamiento de la Audiencia Nacional en 2014, estimando la insuficiente justificación del Informe de Impacto Ambiental, la Confederación Hidrográfica del Cantábrico no haya sido capaz de sacar a la luz pública un nuevo informe que establezca de manera rotunda y justificada las ventajas e inconvenientes de los distintos emplazamientos posibles, optando por uno de ellos? (parece ser que ya está redactado pero no se conocen sus conclusiones y faltan una serie de trámites para que sea efectivo)

¿Cómo es posible que el Ayuntamiento, de quien dependen los sistemas de alcantarillado y depuración de residuales, no haya tenido la suficiente previsión para, a lo largo de las últimas dos décadas, mejorarlo sustancialmente asegurando su eficacia en caso de lluvias importantes, como ha sucedido este año?

¿Cómo es posible que las distintas administraciones, en particular la estatal y autonómica, no hayan entendido en sus estrategias de inversión la prioridad de los problemas ambientales que pueden originar anticuados e incompletos sistemas de alcantarillado y depuración, mientras financian sin embargo otra serie de obras públicas cuya rentabilidad agregada no es tan significativa o es, cuando menos discutible? ( la enésima autopista regional, la contestada e infrautilizada ampliación del Musel, incluso la costosísima variante de Pajares)

¿Es de razón que, vistas la ineficacia y lentitud de los actuales gerentes municipales el resto de los grupos de la oposición sean incapaces de llegar a acuerdos que permitan dinamizar el Consistorio y buscar soluciones conjuntas a los problemas de la ciudad?

Para finalizar: Gijón se ha convertido desafortunadamente en claro ejemplo de la inexistencia de una visión estratégica de cara al futuro de Asturias y al bienestar de los asturianos. Una visión capaz de aunar intereses, negociar, resolver conflictos y llegar a acuerdos, redirigir y coordinar los esfuerzos y las inversiones de las distintas administraciones, prescindir de inquinas personales y partidistas, trabajar, en fin, por ofrecer un futuro digno a la juventud y al conjunto de la región.

Ejercer el poder significa resolver problemas reales, no dirimir quien debe ocupar poltronas mas o menos atractivas e inoperantes.

Ramón López de Lucio es Dr. arquitecto. Catedrático Emérito de planeamiento urbanístico en la Escuela de Arquitectura de Madrid-Universidad Politécnica de Madrid.

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