El PP regresa al pasado


El hijo político de Aznar y Aguirre, aupado al liderazgo con el apoyo de Cospedal, no puede representar la renovación del PP. Solo la generacional. El triunfo de Casado es una vuelta al pasado del aznarismo. El nuevo presidente popular defiende un ideario político en sintonía con los sectores más derechistas del partido, neoliberal en lo económico y regresivo en lo social. Asistimos al entierro del marianismo, derrotado en la figura de la otrora omnipotente Soraya Sáenz de Santamaría, y a la victoria de la derecha nacionalista y combativa contra todo lo que huela a progresismo. Casado es una especie de Aznar de rostro amable, sin bigote y sin la mala leche que se gasta el expresidente. Su triunfo es una pésima noticia para Rivera, con el que entablará una lucha encarnizada por el voto del electorado a la derecha del PSOE. Casado es un clon del dirigente de la formación naranja. Ambos competirán por ser el más contundente con los independentistas catalanes, terreno en el que Rivera llevaba ventaja. En cambio, la irrupción del joven diputado popular es un alivio para Sánchez, que tendrá enfrente a un adversario muy duro y correoso, pero al que podrá atacar por sus posiciones reaccionarias y eso puede hacer que tenga más recorrido para crecer por el centro. Algunas de sus propuestas retrotraen a otras épocas, pero conectan con parte del electorado de derecha que está harto del pragmatismo sin ideología de Rajoy y que se había ido a Ciudadanos o a Vox para no volver. Pero los politólogos nos dicen que las elecciones se vencen desde posiciones centristas. Y Casado de centro no es. Pero es probable que, una vez ganado el congreso y convencido a los suyos, modere su discurso en busca de los indecisos. En su contra juega el caso máster, que puede ser letal para él. Ahora el que lo tiene difícil es Aznar: ¿seguirá apoyando a Rivera o volverá al redil popular con su ahijado Casado? Las dos son buenas opciones para el expresidente. Y esto es muy significativo.

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