Un absurdo entre dos lógicas


Recolocando viejos libros, para ganar espacio, encontré un ejemplar de La náusea, de Sartre (Ed. Losada, 1967), que había comprado en Madrid en 1969, cuando los jóvenes aún disfrutábamos con aquel existencialismo áspero y exigente, que interpretábamos como un dechado de profundidad inmarcesible. Paré de ordenar los libros y me puse a leerlo otra vez, 49 años después. Ya lo estoy acabando, con entusiasmo, aunque no sé si lo hago por curiosidad intelectual, porque sigue siendo un libro muy bueno, o porque empiezo a sentir nostalgia de mi juventud perdida. Lo que más me gustó fue encontrarme con la metáfora del absurdo, que Sartre representa en las tres de la tarde: «Las tres. Las tres, siempre es demasiado tarde o demasiado temprano para lo que uno quiere hacer». «Momento absurdo», concluye Sartre. 

No creo que Sánchez haya leído este pasaje. Porque, de haberlo hecho, se habría dado cuenta de que su intento de fijar un techo de gasto, a medio camino entre el PP y Podemos, es un absurdo existencial: demasiado alto para que lo acepten los liberales, que creen en las bondades del ajuste presupuestario; y demasiado bajo para los de Podemos, que sueñan con un paraíso pagado con viento del Oeste, sin que les importe un rábano que el país vaya a la quiebra -porque ellos creen en la gente, no en el dinero-, o que acabemos poniendo en circulación una nueva moneda, con el pomposo nombre de «peseta fuerte», cuyo valor sea 0,000009 dólares.

La propuesta de Sánchez era un absurdo existencial para todos, menos para el PSOE y el PNV, que, embriagados por la idea de que los gobernantes no sirven a los hombres y a sus miserias, sino a la humanidad y sus grandezas -esta idea la puso Sartre en boca del Autodidacto, y no de Roquentin-, acabaron creyendo que el techo de gasto sería aprobado, si no por su intrínseca genialidad, «por Dios, por la Patria y el Rey».

Para los de Podemos, a los que las cuentas y balances les traen al pairo, lo verdaderamente absurdo es el techo de gasto en sí mismo, ya que su propuesta de futuro es un paraíso terrenal sostenido por la sencilla fórmula del gasto público ilimitado.

Para los del PP y C´s es absurdo que, a punto de salir de una gravísima crisis, cuya causa principal fue el desajuste, empecemos a jugar con pólvora y fuego, otra vez, para ver si le damos la vuelta a las encuestas. Y para los nacionalistas, independentistas, comprometidos, mareantes y colaus, solo tiene sentido votar con el PSOE cuando se le puede pasar factura, pero no cuando la deserción de Podemos ya ha convertido su «lealtad» en un gesto inútil, absurdo. Por eso se quedaron solos Sánchez, que mandó sus barcos contra las tempestades y a favor de la humanidad, y el PNV, cuya tasa de traiciones está fijada en solo una faena cada dos meses. Y con solo dos piezas no se puede completar el rompecabezas. Porque, más allá de este absurdo triturado entre dos lógicas, está el absurdo absoluto de la coalición Fran-Ken-Stein & Cía.

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