A Sánchez no le dejan gobernar


Dijeron que Pedro Sánchez se había entregado a Podemos y a los independentistas, que había adquirido hipotecas inconfesables con tal de llegar a la Moncloa. Hablaban de Gobierno Frankenstein, y los mismos que lo argumentaron como si fuera dogma de fe le reprochan ahora que presida un Gobierno débil, sin apoyos, como se ha comprobado con el varapalo que ha supuesto el rechazo al objetivo de déficit y el techo de gasto en el Congreso, que no ha apoyado ni siquiera la formación de Pablo Iglesias. Tampoco los secesionistas, que han dejado claro una vez más que solo les importa su ficticia y divisoria República, mientras se ha conocido el dato muy relevante de que Cataluña es la comunidad que más ha recortado en gasto social en los últimos años. ¿Se vendió Sánchez, sí o no? ¿Adquirió compromisos secretos, según decían algunos como si lo supieran a ciencia cierta? Parece obvio que no, que la coalición que le aupó al poder era solo anti Rajoy, asediado por la corrupción del PP. Era evidente que con 84 diputados es muy difícil gobernar, más allá de algunas decisiones y gestos, que a la derecha le molestan. Especialmente todo lo que tiene que ver con Franco, la memoria histórica y la inmigración. Más complicado aún se hace gobernar si tus supuestos socios son Podemos, que no quiere dar triunfos a Sánchez mientras ve cada vez más lejos el anhelado sorpasso, y los independentistas, desbocados por el camino que marcan el caudillo Puigdemont y su secretario Torra. Sánchez cuenta con que a sus rivales aún no les interesa un adelanto electoral, con Casado recién llegado, Rivera fuera de juego e Iglesias descolocado. Habrá que ver cuánto tiempo podrá aguantar el presidente si los que apoyaron la moción de censura no le dejan gobernar. Y preguntar a estos para qué desalojaron a Rajoy del poder.

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