La corrupción del periodismo

OPINIÓN

07 ago 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

La «operación Enredadera», la última gran actuación contra la corrupción, no ha tenido demasiada repercusión fuera de Castilla y León, pero es mucho más grave que una simple trama local. No solo porque afecta a muchos ayuntamientos, hay un aspecto especialmente preocupante: que el periodismo se haya convertido en un eficaz instrumento de corrupción.

Siempre ha habido periodistas venales y empresas de comunicación que se han puesto al servicio del poder. Aunque sea inevitable, eso menoscaba la credibilidad de los medios, pero daña mucho más a la profesión que sean ellos los que corrompan a los políticos en beneficio de sus dueños. No tiene nada que ver con la legítima pretensión de influir en las decisiones de los gobernantes, o en la opinión pública, desde determinadas posiciones ideológicas, aquí el único límite ético sería el respeto a la verdad, sino que se trata de auténticos chantajes a los cargos públicos para que otorguen contratos a sus empresas, de sectores ajenos a la comunicación, y hagan la vista gorda con sus trapacerías.

No hay todavía sentencias, aunque algunos de los implicados estén en prisión, por lo que es necesario respetar la presunción de inocencia, pero las conversaciones grabadas que figuran en el sumario han sido realizadas por la policía con autorización judicial. Conduzcan o no a condenas, hay que presumir que son ciertas y, aunque en este país se confunda interesadamente, no es necesario que una conducta conlleve sanción penal para que sea ética y políticamente reprobable.