Lástima


Todo apuntaba a que Begoña Gómez, esposa del presidente Pedro Sánchez, adoptaría una actitud dinámica en su nuevo papel, aprovechando, precisamente, la amplia experiencia profesional en el mundo de las oenegés y en la búsqueda activa de fondos y subvenciones para ese tipo de actividades. Por lo que decían de ella hasta ahora, parece de esas mujeres que agigantan a sus maridos, como Hillary Clinton con Bill o, de otra manera, Michelle con Barak Obama. Por lo que decían, insisto, porque de ser cierta la influencia que le atribuyen, Sánchez le debe la presidencia. Si es verdad, Begoña Gómez tiene madera de grande y por eso me ha decepcionado algo.

Comprendo, por supuesto, que en los papeles de Hillary y Michelle hubo poco brillo propio, probablemente, comparado con su grandeza y, por tanto, con el que realmente merecían. No es que le desee eso a Begoña Gómez. Le deseaba a este país, tenía esa esperanza, una mujer que, como aquellas, pudiera mejorar al tan necesitado presidente. Pero parece que ese enfoque no le interesa. Y lo entiendo.

Quedaba otro ángulo seductor, y más con su bagaje profesional: la posibilidad de abrir un perfil para los cónyuges presidenciales, de modo que pudieran tener una presencia, más o menos institucionalizada, en el amplio mundo del tercer sector, tan vidrioso en la realidad como en House of cards. Pero quizá no ha podido. Se ha inclinado por la promoción a sueldo de unos intereses particulares y, por tanto, tendrá que aceptar sin quejarse que hablen de las apariencias de la mujer del César o que las sospechas de favoritismo o tráfico de influencias terminen cerniéndose sobre cualquiera de sus actividades futuras. Una verdadera lástima.

@pacosanchez

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