Vigo, Génova y el reflejo de Pavlov


El grave accidente de Vigo, que pudo dar lugar a una tragedia, ha vuelto a probar algo sabido: que, ante cualquier desgracia potencialmente achacable a sus acciones u omisiones, la respuesta de los políticos de todos los colores es casi siempre la que descubrió el científico ruso Iván Pavlov, quien formuló en 1901 su teoría del reflejo condicionado. Según ella, los seres vivos (perros, en sus experimentos) tienen una respuesta fija ante un estímulo, pues entre el segundo y la primera se establece una relación que provoca un comportamiento predecible. 

¿Qué sucede cuando se produce un acontecimiento desafortunado, del tipo que sea, capaz de poner en entredicho la gestión de un político o de la institución a la que pertenece o que dirige? Que, ante tal estímulo negativo, la respuesta es inmediata: echar la culpa a otro. Cuando ese otro es un adversario político, el reflejo carece de excepciones. Pero funciona también de forma general entre instituciones que controla un único partido. El hundimiento en Vigo hace tres días de un tramo de la plataforma en la zona portuaria donde estaba parte del público asistente a un concierto multitudinario ha vuelto a poner a Pavlov de plena actualidad: el alcalde culpó a la Autoridad Portuaria con la misma diligencia con que esta señaló a aquel con su dedo acusador.

Aunque generalizada, es ese el peor modo imaginable de gestionar el interés público, tarea por la que cobran los políticos. Lo que tenemos derecho a esperar es que Autoridad Portuaria y Ayuntamiento, en lugar de pelearse ya producido el accidente, hubieran hecho caso de la advertencia de la oposición, que señaló con toda claridad el peligro de sobrecargar una plataforma en mala situación.

«Esta es semana de #OMarisquiño, pero el lugar donde se celebra no está en condiciones. Maderas rotas, puntas al aire... el Paseo de las Avenidas presenta una situación peligrosa. Esperemos por el bien de todos que no pase nada durante ni después del evento». Tal es el texto que, siete días antes de la desgracia, publicaba en su Twitter la concejala viguesa del PP Elena Muñoz, haciendo una advertencia que resultó al final, infortunadamente, una premonición. Pero también aquí juega, sea quien sea el advertido y el que advierte, el reflejo de Pavlov, pues el primero tiende siempre a suponer que la advertencia es una forma que el segundo utiliza para atacarlo políticamente y dejarlo quedar mal.

Aunque hay accidentes inevitables, muchos no lo son. Basta tomarse en serio las propias responsabilidades, entre las que está la de atender los avisos de peligro, también cuando los formula el adversario. Aunque, encanallada como está la política en España, quizá eso sea, por más que parezca increíble, pedir demasiado.

Tras la inmensa catástrofe que tuvo ayer lugar en Génova veremos de nuevo en acción el reflejo condicionado de Pavlov… mientras cientos de personas lloran a sus muertos.

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