Inaceptable amenaza


E l sectarismo de Torra no tiene límites. Ni siquiera el dolor de las víctimas de los atentados del 17A, que habían pedido públicamente que no se politizaran los actos que deberían de haber servido única y exclusivamente para recordar a los que fueron asesinados en Barcelona y reconfortar a sus familias. El presidente de la mitad de los catalanes tendió primero una sibilina celada a Felipe VI permitiendo que se exhibieran pancartas ofensivas y colándole a la mujer del exconsejero Forn para que le hiciera otro desplante. La consigna separatista no era esta vez el escarnio público organizado del monarca, como sucedió hace un año, sino aislarlo y hacerle el vacío. En un día tan señalado, Torra acudió más tarde a la prisión de Lledoners, para rendir homenaje a Forn, encarcelado allí, y al mayor Trapero, en un mitin político organizado por los agitadores del ANC y Òmnium. Porque eso es lo que les importaba a los independentistas: utilizar también la triste efeméride para pedir la libertad de los políticos presos, acusados de gravísimos delitos, reivindicar la fantasmagórica República catalana y denigrar al Estado español. Justamente lo contrario de lo que les habían demandado las víctimas de la masacre yihadista. Pero hasta un solo día de tregua les debió resultar excesivo. Ya en su salsa, el nada honorable president hizo un llamamiento público a «atacar a un Estado español injusto». Una intolerable amenaza. No se puede decir que Torra no sea claro. Para eso Puigdemont lo ha puesto en la Generalitat. Con este individuo, la bienintencionada política de apaciguamiento de Sánchez parece tener escaso recorrido. Quien dice abiertamente que su objetivo es atacar al Estado no puede sorprenderse luego de que este se defienda con la ley en la mano.

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