Y si se llamara Frantisek Franko...


Se acerca el fin del verano y empieza la época de los buenos propósitos para el nuevo curso. Los kioskos se llenan de coleccionables de lo más diverso, los gimnasios de intenciones de redimir los pecados del chiringuito y España parece tener la intención de conmemorar los 40 años de la aprobación de la Constitución exhumando los restos del dictador Franco del mausoleo faraónico que construyó con mano de obra esclava. Ver veremos si las promesas de fin de verano se cumplen o habrá que dejarlas para diciembre esperando el nuevo año.

Sin embargo sobrevuela en tertulias y debates el qué hacer con los restos del Generalísimo. El Ayuntamiento de Ferrol ya manifestó su rechazo a que reposen en su ciudad natal, la familia dice que no se harán cargo de ellos y una histriónica señora recorre los programas matutinos provocando escalofríos con su discurso sobre la amenaza comunista, homosexual y de género.

Precisamente en la línea de lo que esta señora acusa a la izquierda, de que se instiga el odio y negamos la historia, me atrevo a hablar de cómo se afrontó un asunto similar con “los míos”, en un país, Checoslovaquia, que desarrolló un proceso de transición del socialismo real al capitalismo y a su integración en la UE.

Quienes hayan visitado Praga es posible que conozcan la colina Vítkov, en el barrio de Zizkov. Desde ella se tienen probablemente las mejores vistas de la ciudad y coronándola se encuentra una de las mayores esculturas ecuestres del Mundo dedicada al husita Jan Zizka. Bajo la escultura, un monumento dedicado a los legionarios checoslovacos de la Primera Guerra Mundial. Entre los años 1954 y 1990,  fue lugar de reposo de los restos del primer presidente de la Checoslovaquia socialista, Klement Gottwald.

Tras la llamada «revolución de terciopelo» de 1989, se celebraron las primeras elecciones pluripartidistas en junio de 1990. En ese mismo año se tomaba la decisión de trasladar los restos de Klement Gottwald del mausoleo que ocupaba en pleno corazón de Praga porque se entendía que un símbolo del régimen anterior no podía convivir con el nuevo régimen.

Hubo debates, lógico. En apenas un año se pasaba del monopolio del poder del Partido Comunista a que ganase las elecciones el Foro Cívico de Václav Havel. Sin embargo se hizo, con respeto, manteniendo la dignidad de los restos de Gottwald y trasladándolos de la esfera pública a la privada.

Hoy en día reposan en el cementerio de Olsany, en el mismo barrio de Zizkov. Junto a él los restos de su esposa y de varios líderes del Partido Comunista de Checoslovaquia ocupan una sobria y bien cuidada tumba mantenida por el partido al que pertenecieron y al que dedicaron su vida. Es su lugar natural. Mientras tanto el mausoleo se ha convertido en un Monumento Nacional que mantiene sus portones con figuras de realismo socialista, la escultura del husita Zizka y un centro en su interior dedicado a la educación sobre Derechos Humanos. Tenemos la oportunidad de resignificar Cuelgamuros en un centro consagrado a educar en valores, pero antes hay que sacar de allí al dictador y a los miles de españoles que allí reposan contra la voluntad de sus familias.

Quizá ya es momento de que Spain deje de ser different.

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Y si se llamara Frantisek Franko...