El fantasma de Zapatero


El 31 de agosto quedará para la historia como el día en que más trabajadores se fueron a la calle. Exactamente 363.017. Eran empleados del sector turístico, la mayor parte mujeres. Habían sido contratados durante los días, semanas y meses anteriores para atender al público del verano.

Desaparecido ese público, desaparecieron también los empleos, naturalmente temporales y precarios. Nadie se puede sorprender, porque es un hecho habitual y una crónica anunciada.

La noticia está en el número: nunca había sido tan grande. El 31 de agosto es llamado con razón el día del desastre laboral. Así es nuestra economía: basada en movimientos estacionales, sus resultados son también estacionales. Pero lo ocurrido este año tiene otros valores.

Valor primero, que el turismo ha sufrido un descenso. Si continúa esa tendencia, el mercado laboral puede sufrir un serio deterioro en el futuro.

Llegar a los veinte millones de empleos en 2020 como proponía Rajoy y pensar en sostener el sistema de pensiones empieza a ser una de las utopías de este tiempo.

Valor segundo, y derivado del anterior, comienza a ser urgente, por no decir angustioso, hacer posible un nuevo modelo económico que proporcione estabilidad en el empleo.

Esa debería ser la prioridad de nuestra clase política, en vez de consumir tantas energías en la teología de la memoria histórica, la ley de concordia o la exhumación de Franco.

No digo que se olviden esos asuntos. Digo que no debieran monopolizar la acción del gobierno y el debate público.

De nada sirven las grandes palabras y las falsas acciones de reconciliación, si el país se empobrece y carece de músculo para conseguir una economía y un empleo estables.

Valor tercero, el sistema de contrataciones en el sector servicios hace que las cuentas del Estado tengan que financiar la paz social.

El modelo español consiste en que el empresario privado contrata para el período de vacas gordas y a continuación le pasa al Estado la responsabilidad, para que sostenga las familias con cargo a los Presupuestos.

Y valor cuarto, el día del desastre laboral se produjo bajo un gobierno socialista y coincide con la aparición de indicadores que hablan de enfriamiento económico, que probablemente se agravarán si Pedro Sánchez sella mañana con Pablo Iglesias un pacto sobre los Presupuestos. No se puede culpar al Gobierno de un enfriamiento que estaba anunciado ni de unas contrataciones que siempre se hicieron. Pero los discursos de Albert Rivera y Pablo Casado apuntan en esa dirección, tradicional de la oposición conservadora: socialismo es paro y recesión.

Vuelve el fantasma de la crisis negada por Zapatero. Empieza por una maniobra política y termina por convertirse en realidad.

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