Impunidad del montón


No cuesta nada imaginarse a ciertos personajes de esta España (incluida Cataluña) desperezándose entre las sábanas gritando: «¡Me encanta el olor de la impunidad por la mañana! ¡Huele a victoria!». A partir de ahí, resulta más complicado pintar el retrato de la rutina. Esas reuniones o llamadas telefónicas en las que un ilustre académico con mando en plaza suelta aquello de «no, mujer, si no hace falta que vengas a clase». O algo del estilo «trae acá esas asignaturas que te las convalidamos». O un comentario del tipo «oye, olvida lo del trabajo fin de máster, que bastante liados estáis con lo de la política». Y mientras unos le dan un nuevo sentido al concepto de educación a distancia, otros se matriculan como toda la vida e incluso imprimen sus horarios para acudir a las aulas, los muy incautos. La universidad tiene que hacérselo mirar. La Rey Juan Carlos tendría que ser el epicentro de un terremoto, una zona cero. Por respeto a los que sí han invertido tiempo y dinero en sus estudios.

Que Carmen Montón aceptara la cartera de Sanidad después de lo que llovió con Cristina Cifuentes es un misterio indescifrable. Como también lo es que nadie del PSOE encontrase en Google el máster maldito y le cerrara las puertas del Gobierno. Es como si fuera imposible desprenderse de ese aroma a impunidad.

Cuando se anunció el nombramiento de María Luisa Carcedo, Wikipedia ofreció durante unos minutos un dato clave de su biografía: «No tiene trabajo de fin de máster». Lamentablemente, hay que admitir que en este país la de la exministra es impunidad del montón.

Valora este artículo

3 votos
Comentarios

Impunidad del montón