¿Qué necesidad había?


Siento una enorme tristeza por la marcha de Carmen Montón porque su perfil era de los que más me atraían del Gobierno de Pedro Sánchez. En los apenas cien días que estuvo al frente del Ministerio reinstauró la sanidad universal, además de manifestarse en varias entrevistas comprometida con el sistema público (tal y como demostró en el Govern valenciano). De haber seguido estoy convencido que acabaría con el copago, apostaría por los medicamentos genéricos y continuaría poniendo en tela de juicio a la homeopatía. Pero todas estas buenas contrastan con un buen trabajo periodístico que ha tirado por la borda su trayectoria política.

La pregunta que me hago, y me da pena no hallar respuesta, es qué necesidad había. ¿Para qué necesitaba ella tener este máster, y más de manera irregular? ¿Por qué? Me da rabia tener que incluir a esta mujer en el mismo saco que a Cristina Cifuentes y a Pablo Casado. Podemos valorar que su dimisión fue muy rápida (no al instante de conocerse la noticia, ya que intentó poner excusas que acabaron por perjudicarle, pero comparando los cuarenta días que estuvo Cifuentes aferrándose al cargo, es destacable decir que abandonó enseguida) pero no puedo ni justificar ni defender la manera con la que se hizo con un título oficial. Soy de los que creo que cuanta más formación e información se tenga, mejor, pero la ‘titulitis’ porque sí, creo que ya es pasado. Nadie tiene hoy la presión de antaño de terminar una carrera o de hacer una tesis. Es por ello que veo incomprensible lo que ha hecho Carmen Montón.

Hay algo que creo que se está confundiendo. Una cosa es mentir en el CV y otra tener titulaciones obtenidas de manera fraudulenta. La primera es condenable desde una perspectiva moral, que tiene que ver con la honestidad, mientras la segunda es ilegal (o cuanto menos un delito). Lo digo porque me imagino que todos los que nos dedicamos ahora a la política estaremos siendo examinados con lupa a ver qué nos pillan. La mayor parte de los casos denunciados tienen que ver con hinchar el CV (que sin duda está muy mal hacerlo), pero a menos que para tu labor profesional haya sido una exigencia tener esa titulación, lo que estaba ocurriendo en esos másteres de la Universidad Rey Juan Carlos era vergonzoso. Lamento mucho la imagen y la reputación de los alumnos y profesores que dignamente han estudiado y trabajado en este centro, pero lamentablemente esto huele a que seguiremos conociendo más casos (la prensa parece que se ha enterado de políticos, pero me extrañaría que no hubiera personas de otras profesiones) y aunque ahora esté en el foco mediático esta universidad, ojalá sus carreras no se vean truncadas por culpa de esta situación.

Me queda desearle a María Luisa Carcedo la mejor de las suertes en su nueva responsabilidad, que sin duda alguna sabrá gestionar a la perfección, y a todas las personas de Oviedo y a quienes nos visiten estos días unas muy felices fiestas de San Mateo.

Comentarios

¿Qué necesidad había?