En Asturias cada vez más gente vive sola


No hace mucho tiempo, al menos me lo parece a mí, cualquiera podía definir lo que era una familia, porque una familia era eso, una familia: padre, madre, hermanos… Pero como todos sabemos aquel concepto arcaico de familia extensa está criando telarañas.

La tendencia actual navega de forma implacable hacia un nuevo modelo de agrupamiento al que los técnicos llaman célula unipersonal, o dicho de otra manera: el núcleo formado por uno mismo y nadie más. Los datos del INE nos dicen que más del 24% de los hogares españoles son de este tipo, ¡casi cinco millones de personas!, ¿y en Asturias?, pues agárrese porque nuestra comunidad ostenta el record de singles, un 28,5% del total.

El fenómeno single es sin duda un modelo social muy peculiar. -Aunque digo yo ¿por qué considerar a un single como un grupo familiar?- obviando reflexiones triviales lo que realmente me llama la atención son las curiosas transformaciones que está provocando este paradigma de «convivencia», si me permiten llamarlo así.

Hace bastantes años visité a una amiga en Inglaterra, una single, lo interesante del caso es que su universo social se componía de otros singles como ella y además comprobé que aquello era algo muy habitual. Aunque aquel modo de vida suponía un grandísimo sacrificio en términos económicos, muy pocos se comprometían a compartir sus vidas - no me refiero únicamente a formar parejas sentimentales, sino a compartir un mismo techo para minimizar gastos-. Todas estas personas independientemente de su poder adquisitivo preferían vivir en soledad. Por aquel entonces supuse que aquella conducta se debía principalmente a la peculiar idiosincrasia anglosajona y que ese patrón de conducta no se daría nunca en territorios latinos, pero después de algún tiempo, y para mi sorpresa, las estadísticas me hicieron cambiar de parecer: actualmente en España uno de cada cuatro hogares está formado por una sola persona o lo que es lo mismo, más del 10% de la población total de nuestro país está formado por singles.

Como acabamos de ver, es un hecho conocido que la familia tradicional se encuentra en proceso de extinción, pero que esta desintegración sea consecuencia de políticas intencionadas resulta sumamente perturbador. En un hogar unipersonal los gastos se multiplican: las facturas, los electrodomésticos, los consumibles,… Por ello resulta extremadamente rentable a las empresas mantener contento a este jugoso filón. -Recuerdo la primera vez que vi en un centro comercial inglés un brik de leche de una pinta (poco más de medio litro), ingenuo de mí pensé que era para la merienda de los niños-. Desde no hace mucho tiempo, los envasadores reducen más y más las raciones para adecuarse a la demanda, fíjese como de un tiempo aquí, las estanterías de los supermercados están plagadas de porciones individuales cada vez más pequeñas: aceite en medio litro, latas de 250 cc, kétchup en sobres, legumbres en monodosis...

La enorme oferta comercial alimenta una tendencia que seduce tanto a jóvenes como a mayores, porque he de confesar que vivir solo resulta muy tentador: puedes viajar cuando y donde quieras, no tienes que rendir cuentas a nadie, no hay exigencias, puedes volcarte en tu carrera profesional, no tienes compromisos, no tienes que aguantar a la misma persona toda tu vida y sobre todo… no está mal visto, porque el estigma del solterón o solterona ha desaparecido, ahora ya no hay solitarios, ha nacido el single; el deseo de los jóvenes, el anhelo de los añosos, la envidia de los casados... la materialización de la libertad y del individualismo.

Pero, ¿por qué este cambio social? Como en todas las generalizaciones los protagonistas pocas veces se identifican con los arquetipos, -así que si usted vive solo no se sienta por aludido-, no obstante apostaría a que gran parte de la culpa de esta singularidad se debe tanto al individualismo como al proceso de secularización de la sociedad. El vivir en completa libertad resulta requisito fundamental para formar parte del club de los que viven bien y el “hasta que la muerte os separe” ya no persuade a casi nadie. Tengo que puntualizar que de esta lista excluiría a las personas forzadas a esta opción por circunstancias vitales: viudas, gente que desearía pareja pero no la encuentra… Así que exceptuando a estos casos, cuando menciono el concepto single hago referencia a la persona que ha escogido voluntariamente vivir sin nadie, - aunque a lo mejor esta decisión no es tan libre como podría parecer-

Desde luego no todo son ventajas, ¿qué precio tiene esta epicúrea vida? Excluyendo el coste económico, los estudios dicen que pese a que la red social de los singles sea cuantitativamente mayor, existe más de un 80% de probabilidades de caer en depresión que viviendo solos, porque convénzase somos seres sociales y descartando aquellas personas con algún rasgo psicopatológico, todos y digo todos necesitamos de los demás para construirnos a nosotros mismos. No olvide que vivir en comunidad es imprescindible para afianzar y potenciar nuestra autoestima así que ¿tiene la misma riqueza de interrelaciones sociales una vida en soledad? Pues tengo que admitir que algunas veces sí. Como dice una orgullosa solterona amiga mía: «si la compañía no es buena es preferible estar sola».

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