El doctor en economía y el presupuesto


«Il potere logora chi non ce l’ha» («El poder desgasta a quien no lo tiene»). Quizá convencido de la irrefutabilidad de la célebre idea de Andreotti, Sánchez llegó al Gobierno con la tranquilidad de quien cree haber conseguido ya lo más difícil: una alianza negativa con izquierdistas, herederos de terroristas y golpistas, que lo convertía en presidente pese a contar solo con 84 diputados.

Logrado un acuerdo, insólito por constitucionalmente desleal, para ganar con una componenda en el Congreso, lo que según todas las encuestas no le iban a dar las elecciones, Sánchez debió pensar que lo demás -y lo demás consistía en gobernar- sería lo más fácil: coser y cantar, a fin de cuentas. Pues con el poder, ya lo había dicho Il Divo, cambiarían las tornas de forma radical: Sánchez sería el desgastador y los demás -a derecha e izquierda- los desgastados.

Sin embargo, han bastado cien días, abiertos y cerrados con ceses fulminantes (un ministro por defraudar, una ministra por plagiar) y una serie ininterrumpida de asombrosas contradicciones dentro del Gobierno, sonadas rectificaciones en todos los terrenos y colosales bandazos a gogó para que en el Ejecutivo y en el PSOE haya comenzado a cundir gran preocupación, cuando no pánico, por la posibilidad de que el poder no sea su trampolín sino su tumba. El escándalo de la tesis del doctor Sánchez, que, plagiada o no, fue una verdadera trapallada, ha abierto los ojos a millones de españoles sobre el personaje que está al frente del poder ejecutivo. El Gobierno, demostrando una vez más su indiscutible capacidad para analizar la realidad, está persuadido de que todos sus problemas proceden, según proclama su portavoz, de una «estrategia conjunta» de la oposición para «abatir» al presidente. Y por eso ha decidido dejarse ya de bromas y meterse de lleno en el tema fetén para probar su autoridad y su proyecto: los Presupuestos del Estado. Aunque Sánchez está obligado, claro, a negociarlos, con ello no demostrará autoridad alguna, sin embargo, sino todo lo contrario: su total dependencia de quienes lo hicieron presidente. Que el gobierno nacional pacte los Presupuestos con otras fuerzas no es ninguna novedad. Ni tampoco que lo haga en concreto con los nacionalistas, muchas veces apoyo indispensable, que han cobrado sus buenos réditos por ello: la última vez el PNV con el Ejecutivo de Rajoy.

Pero lo que no había sucedido nunca hasta la fecha es lo que ahora ocurrirá: que los impuestos que pagaremos y los servicios que recibiremos dependerán de lo que el Gobierno nacional negocie con dos partidos (ERC y el PDECat) que están en abierta rebelión contra el Estado, desprecian a España y a los españoles y quieren dejar de serlo como sea. Ese inmenso desatino, más que ninguno de los muchos errores del Gobierno, dejará con claridad al descubierto en manos de quién está el país.

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