Soy la bomba: este yemení, sí; este, no


No se puede hacer más el ridículo. O ¿tal vez sí? La política, sea cual sea la marca, da mucho de sí. Todavía queda mucha legislatura. Cuatro personajes tiene este drama. Ellos solos se metieron en el lío. La ministra de Defensa, Margarita Robles, decidió optar por el valor del corazón y no se dio cuenta del precio de la chequera. Valor y precio no son lo mismo. El buenismo es un valor en alza. No suele llevar a nada, pero mola mucho decir que uno toma decisiones que hacen el bien. ¿El bien a quién?

Pronto se supo que la decisión de suspender la venta de bombas a Arabia Saudí para evitar víctima inocentes ponía en riesgo el contrato de trabajo de las corbetas en Cádiz y en Ferrol. Otro tipo de víctimas inocentes. Cierto es que, en sentido estricto, en un lado de la balanza hablamos de dañados que se juegan la vida y en la otra de víctimas que se juegan la nómina. Arabia Saudí vino a decir que, si no había venta de bombas, no habrá compra de corbetas. Por cierto, ¿las corbetas que les vamos a fabricar son para ir de pesca?

El segundo personaje fue el ministro de Exteriores que sabía que se iba a tener que comer las palabras de Margarita Robles y apeló a su condición de ingeniero aeronáutico para explicarnos que las bombas son de alta precisión, con guía láser, y que no se equivocarían en los muertos. En ese camino que confirma que hay muchos políticos que piensan que los ciudadanos somos tontos la portavoz de Gobierno Celaá soltó una de las mayores barbaridades de la legislatura abundando en lo dicho por Borrell: «Las bombas de alta precisión no se equivocarán matando yemeníes». Estupendo.

Todavía faltaba que hablase el presidente Sánchez y lo hizo el domingo. Narró el impacto de la decisión, nunca mejor elegida la palabra impacto, y ya nos comunicó que al final seguíamos con uno de nuestros negocios en el mundo que es vender armas. Que la contrapartida de perder los contratos de las corbetas, ¿cómo nadie de la legión de asesores cayó en ese detalle?, nos obliga a vender las bombas láser a Arabia Saudí. Y aquí no pasó nada. En Ferrol y en Cádiz tendrán trabajo. Y España ingresará el dinero saudí que tanta falta hace.

Pero, además del enredo que supuso otra rectificación (¿y van?) del Gobierno, estos políticos sin clase, da igual el partido, siguen instalados, cómodos, en la mentira. Ayer un portavoz de Amnistía Internacional detalló que le hemos vendido a Arabia Saudí 500 millones en armas, de los que gran parte es munición tradicional, de la que mata sin distinguir el yemení bueno del yemení malo, si continuamos con la tesis del Ejecutivo.

Amnistía Internacional cree que estamos ante un gobierno cómplice que vende a Arabia Saudí con una mano y, por cierto, a Israel, con la otra. El Gobierno de Pedro Sánchez hace negocio con la muerte en su nombre y en el mío. Y lo seguirá haciendo porque necesita los 2.000 millones de euros que pusieron en riesgo con su falsa gobernanza de gestos que cobraremos por esas corbetas para pescar atún.

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Soy la bomba: este yemení, sí; este, no