500 palabras sin comillas


El caso de la tesis del presidente del Gobierno parecía atado y bien atado, pero no. Hay escándalos políticos con más vidas que un gato, capaces de pegarse a los trending topic con más fuerza que una lapa y de reinventarse de las formas más inusitadas. Primero fue una empresa alemana -la creadora de uno de los programas informáticos que borraron inicialmente la sombra de la sospecha- quién alentó nuevas dudas sobre el trabajo académico de Sánchez. Y después ha sido una información periodística relativa al libro que publicó el político madrileño con otro economista vinculado al PSOE.

Ahí hubo plagio. De los gordos, de los «cutres» (Pablo Iglesias dixit), de esos en los que se copian hasta las erratas. Lo reconoce la Moncloa, que dice que lo tilda de «error» y avisa que se corregirá en próximas ediciones. Lo confirma la portavoz parlamentaria socialista con una declaración de las que hacen época: «Claro, es que 300 palabras o 500 palabras que no llevan comillas es un plagio... ¡Por favor!», dijo Adriana Lastra para encumbrarse a los altares de la popularidad tuitera y empezar a recibir palos verbales. No parece buena táctica echar gasolina a un incendio político que, aunque arderá durante un tiempo, no parece capaz de precipitar una convocatoria electoral. Soplan otros vientos.

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