El filibusterismo de PP y Ciudadanos


Los filibusteros de ayer asaltaban y saqueaban los poblados costeros de las Antillas. A falta de parche en el ojo y pata de palo, los filibusteros de hoy se dedican al obstruccionismo parlamentario. Cualquier táctica o cualquier recoveco parlamentario sirven para evitar que se pronuncie la mayoría y para retrasar el acuerdo. Catón el Viejo hablaba sin parar, noches y días enteros, para frenar las iniciativas legislativas de Julio César. PP y Ciudadanos utilizan la mesa del Congreso para impedir que Pedro Sánchez enseñe siquiera su proyecto de Presupuestos. Todo vale para conservar la mayoría de bloqueo de que goza el PP en el Senado. Todo vale para impedir que la reforma de la Ley de Estabilidad Presupuestaria sea tramitada por la vía de urgencia -lo único urgente hoy en España consiste en reevaluar en sede parlamentaria la tesis doctoral de Sánchez- y todo vale para evitar atajos legales que pretendan sortear la vía obstruida.

A la primera obstrucción replicó el Gobierno con un ardid parlamentario frecuentemente utilizado: injertar una rama de manzano en el peral. Es decir, colgar una enmienda en una ley para que surta efectos en otra ley de naturaleza distinta. La argucia legal abrió la caja de los truenos. Dolors Montserrat, la portavoz del PP, la calificó de «tic totalitario», «fraude de ley», «estafa» e «inicio de Venezuela», entre otros piropos.

Deberían medirse los políticos cuando, a falta de coherencia o de argumentos, bucean en las aguas del diccionario en busca de epítetos de grueso calibre. ¿Fraude de ley? Tal vez, pero idéntico al cometido con el aforamiento exprés, en junio del 2014, del rey emérito, su esposa, la reina Letizia y la princesa de Asturias. Don Juan Carlos había abdicado el 19 de junio, ese día perdió su inviolabilidad y quedó desprotegido -o protegido- como cualquier ciudadano del estado llano. Fue entonces cuando el PP utilizó la artimaña que ahora le reprocha al PSOE: injertó la rama del manzano real en un árbol que regulaba los permisos y vacaciones de los jueces. Y, en solo tres días, una ley orgánica fue modificada -¿«estafa»?- y la familia del rey obtuvo su fuero. ¿Hubo entonces fraude de ley y el aforamiento del monarca emérito es nulo de pleno derecho?

Pero hay más. Resulta que el «tic totalitario» de Sánchez -su enmienda «fraudulenta»- fue aceptado por la mesa de la Comisión de Justicia. Y rechazado ahora, en una decisión sin precedente alguno, por la mesa del Congreso. Pongamos el retrovisor y situémonos en el 2013. La mesa del Congreso dictaminó entonces, negando un recurso de amparo presentado por los socialistas, que las comisiones eran soberanas para aceptar las enmiendas que quieran: «Ni el artículo 31 [del reglamento del Congreso], ni ningún otro precepto atribuyen a la mesa de la cámara la competencia para revisar la decisión adoptada por la mesa de la comisión». Dolors Montserrat era en aquel momento vicepresidenta del Congreso y, como tal, suscribió el entrecomillado: ¿Aprendiz de Maduro entonces o portavoz del filibusterismo a día de hoy?

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