Las cloacas


El pasado es impredecible. Esa máxima, atribuida a la tradición rusa, se la había escuchado a un personaje -criminal y psicópata- de la serie Fargo. Pero, puesta en boca del resucitado Aznar, con Felipe González de contertulio, resultaba inquietante: sonaba a advertencia o amenaza. En todo caso, la intuición del padrino de Casado se confirma: el pasado ha vuelto para saldar cuentas con Pedro Sánchez. Y ha vuelto por la vía más insospechada, absolutamente impredecible: por las alcantarillas. Con todo el hedor que exhalan las cloacas, la ciénaga donde pululan tipejos como el excomisario Villarejo, el lugar que la derecha parece haber elegido para dar la batalla final al impostor de la Moncloa.

No sé si reventar el depósito de inmundicia acumulada en los sótanos del Estado significa fortalecer la democracia. Quizá sí. Pero dudo que este sea el objetivo del PP y Ciudadanos. Tal vez están pensando en una explosión controlada, suficiente para enmerdar a la ministra Delgado y abatir a Sánchez, antes de cerrar de nuevo el sumidero para no ser engullidos por el detritus. Creo que se equivocan. Sospecho que, envalentonados por el rastro de sangre que va dejando el venado, esta vez han elegido mal el coto de caza y la víctima propiciatoria. No descarto siquiera que la ferocidad de los cazadores acabe por producir un efecto bumerán.

El coto de caza son las cloacas. Y ahí, desde hace muchos años y varios gobiernos, se movía como pez en el lodo José Manuel Villarejo. El protagonista de Las cloacas de Interior, miembro de la «policía patriótica» auspiciada por el ministro Fernández Díaz, quien le otorgó, al igual que a la Virgen del Amor, la medalla al mérito policial con distintivo rojo por sus «relevantes servicios» contra el terrorismo y el crimen organizado.

Actualmente en prisión por cohecho, blanqueo de capitales y organización criminal, Villarejo se dedica al chantaje para eludir la cárcel. Primero lo intentó con el Estado, al filtrar grabaciones que acusaban al rey emérito de delinquir, olvidando que el monarca es inviolable mientras ocupa el trono. Y ahora lo intenta con el Gobierno, empezando por la ministra y prometiendo nuevas entregas del serial.

Villarejo, que se jactaba de organizar comidas con políticos -entre ellos, Pablo Casado-, policías, jueces y fiscales, en las que se hablaba «confidencialmente» de todo «a calzón quitado», posee un arsenal de grabaciones supuestamente comprometedoras. Y piensa utilizarlas: contra el Gobierno y los jueces, claro está, los únicos que pueden rescatarlo de la cárcel.

El chantajista se ha convertido en el principal testigo de cargo contra Sánchez. El maestro armero que proporciona munición al PP. Pero sospecho que puede salirle el tiro por la culata. Hay indicios de que el ensañamiento de la oposición con Dolores Delgado está movilizando y cohesionando las huestes socialistas al grito de «¡basta ya!». No sé. El pasado es impredecible, pero el futuro también. Yo, en esto, soy muy machadiano: «... ni el pasado ha muerto, / ni está el mañana -ni el ayer- escrito».

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