¿Milagro económico?


Si algo aprendí en esta vida es que cualquier movimiento o hecho (bueno o malo) que se produce hay que entenderlo siempre en su contexto. No obstante, y aunque el tiempo pone cada cosa en su lugar, hay cosas que parecen tan evidentes que no hace falta esperar años para que se confirmen. Uno de esos ejemplos está con Rodrigo Rato. ¡Cuántos dirigentes del PP le elogiaron en su día como el salvador de la economía española! Ahora no les queda otra que callar al ver que está más cerca de pisar la cárcel que de poder continuar con su fama (falsa) de buen político.

El Tribunal Supremo ha condenado esta semana a Rodrigo Rato a cuatro años y medio de prisión por apropiación indebida por sus gastos con las tarjetas black de Caja Madrid, cuya entidad presidió el exministro de Economía tras su marcha del FMI, y que tuvo que ser rescatada con más de 20.000 millones de euros de dinero público por el descontrol que había en su seno. El dedo de Aznar estuvo a punto de señalar a Rato como su sucesor, pero lejos de retirarse de la vida pública continuó su periplo por el Fondo Monetario Internacional, donde no destacó precisamente por ser un buen gerente, además de no prever en ningún informe que la economía mundial iba a entrar en una grave crisis que a día de hoy seguimos pagando. En resumidas cuentas: Rato aprovechó una época económica favorable (basada en la especulación), lo que demuestra que ese milagro económico que vendía el PP era relativo, porque hoy estamos notando en nuestras propias vidas aquellos derroches.

En el CV de gente con el perfil de Rato figurarán carreras, másteres y cursos a punta pala (a saber si algunos habría que someterlos a la prueba del algodón, viendo que últimamente han salido casos que no dejan en buen lugar a muchos) pero la avaricia ha provocado que, hasta en personas a las que se les presupone preparadas y con la cabeza asentada, también han caído en el ‘fácil’ camino de optar por los excesos y por las corruptelas. Y lo peor es que perfiles que no necesitarían caer en esas prácticas porque tienen la vida prácticamente resuelta son los primeros en querer más de lo que ya tienen.

De todas estas experiencias nefastas para todos la lección debería ser doble: por una parte, para los partidos, que no vuelvan a presentar en sus listas a personas que van a lucrarse; y por la que incumbe a la ciudadanía, es imprescindible no votar a corruptos, y más cuando las evidencias son claras. Los milagros, económicos y de otra índole, son posibles con esfuerzo, trabajo y, claro que sí, con honradez. El milagro con Rato es que la justicia haya sentenciado que debe pasarse una temporada en la trena.

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