El precio de los aeropuertos

OPINIÓN

12 oct 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Me parece perfecto que las cosas vayan evolucionando, y más si es a mejor, pero en algunas ocasiones hay que pensarse las cosas antes de hacerlas. En España se ha invertido notablemente en los últimos treinta años un montón de dinero en infraestructuras, cuestión con la que no tengo nada en contra, porque nos ha permitido mejorar las comunicaciones, eliminar barreras que impedían ir de un sitio a otro y ayudar al progreso económico, pero también es cierto que en varios casos se ha demostrado una falta de planteamiento y de perspectiva de la utilidad de algunas instalaciones.

El ejemplo de los aeropuertos en España, bajo mi punto de vista, es uno de ellos. De Ciudad Real apenas nos acordamos ya, pero si tiramos de hemeroteca podemos comprobar que en los mejores sueños sus promotores quisieron convertirlo en una alternativa a Barajas (y resultó ser un estrepitoso fracaso). Nadie se negó a la construcción de ese aeropuerto y para todo el mundo iba a ser una mina de dinero para Castilla La Mancha. Se demostró todo lo contrario. Además, cada poco se publica datos de tráfico de pasajeros en los aeropuertos (salvo los importantes y los que están situados en cónclaves turísticos, el resto son deficitarios), que certifican que no son rentables.

El Aeropuerto de Asturias es un aeródromo histórico, con 50 años de vida, que se situó en su origen un lugar alejado de las tres principales ciudades de la comunidad autónoma. En la actualidad, afortunadamente, se encuentra bien conectado por autopista, aunque sería deseable que dispusiera de un mejor transporte público, sobre todo por tren, que pese a las mil y una promesas (recuerdo una de Gabino de Lorenzo en la que hablaba de llevar allí el AVE) ni siquiera el apeadero de Santiago del Monte (alejado del aeropuerto) sirve para desplazarse.

Con la noticia de que a finales de este mes de octubre nuestro aeropuerto se quedará sin líneas internacionales se han desatado multitud de críticas. Se apunta a la necesidad de que las compañías low cost operen en nuestro aeropuerto. No negaré que cuantas más líneas directas con diferentes destinos tengamos, mejor. Pero ojo, no a cualquier precio. Estas empresas basan su modelo de negocio en conseguir dinero a través de promociones turísticas (las subvenciones directas están prohibidas por la UE) de diferentes administraciones. En un país como España vemos que los ayuntamientos, las diputaciones y las comunidades autónomas compiten entre sí invirtiendo dinero para que se mantengan compañías con las que el usuario consigue billetes más baratos a destinos importantes, pero nadie repara en las condiciones que se imponen por estas compañías a sus administraciones (y la manera en la que sus empleados trabajan). Como tienen esa batalla ciudadana ganada, saben que no sufrirán críticas si se marchan, porque la culpa será de los políticos de turno que no hicieron lo posible para mantener este negocio privado.

Las low cost nacieron al amparo de unir aeropuertos pequeños pero cercanos a una ciudad importante (yo he visto en otros aeródromos de Europa como Ryanair, en un anuncio en el que aparecía el mapa de España, señalaba en grande Bilbao y entre paréntesis a Santander. Lo mismo con Barcelona, en vez de poner Girona). El problema que veo está en que nadie a estas alturas ha medido la rentabilidad de gastar dinero en ello. La prensa de cada sitio se hace eco del número de pasajeros que recibe su aeropuerto cercano, pero no si esos pasajeros han beneficiado a la economía del lugar (sea en el ámbito del turismo, el de los negocios o el de cualquier otro sector económico). Por tanto, es importante ver si subvencionar a este tipo de compañías aportan un saldo positivo al conjunto económico de ese entorno que mediante ayudas públicas hace posible que operen estas compañías. Sin esos datos objetivos no podemos valorar los beneficios que supuestamente aportan estas compañías a la economía.

Bajo mi punto de vista, un aeropuerto como el de Asturias debe aspirar a tener los mejores horarios posibles con Madrid y con Barcelona, porque prácticamente estos dos disponen de vuelos con todas las partes del mundo. Yo he vivido fuera de Asturias 11 años, tres de los cuales fuera de España, y cuando regresaba a casa no me era ningún drama hacer escala en Barajas o en El Prat. Por eso creo que se exagera al criticar al Principado con la falta de vuelos internacionales. Es un negocio privado.

Una ciudad como Oviedo, de 225.000 habitantes, tiene a media hora el aeropuerto de Asturias, a una hora el de León y a dos el de Santander. A mi manera de ver, el precio que nos cuestan los aeropuertos es muy elevado. Lo primero de todo sería pensar en una estrategia nacional que racionalice los recursos disponibles para evitar malgastar dinero, pero está claro que no habrá manera de hacerlo por ahora si en cada provincia quieren tener su propio aeropuerto.