Banderas. Lecturas


Algún quejido me ha llegado. La Voz de Asturias publicó el día 2 de este mes de octubre el artículo Por cojones, de mi autoría, y los quejidos-flecha apuntaban al último párrafo del artículo, que iba entre paréntesis a modo de escolio. La diana-objetivo era una crítica severa a las banderas que, «simbólicamente», escribí, utilizaba como papel higiénico.

Cuarteado el Mundo en clanes, tribus y pueblos, exactamente igual que hace, al menos, 13.000 años, solo que la globalización lo camufla (con torpeza palmaria) para reivindicar el estatus de hombre civilizado, en contraposición al salvaje del pasado lejano; este tal cuarteamiento, decía, es la causa de que ondeen las contradistintas banderolas.

En caso de conflicto, aún el más leve, las banderas asumen el fanatismo tribal y llegan a alcanzar la meta más querida por la civilización, el odio, el crimen en masa, el genocidio, el holocausto. 

Por cojones era una reflexión acerca de la violencia callejera de los ultras patrióticos catalanes. En el propio escolio final subrayé el “horror de la xenofobia”, como anclaje del significado de la estelada, o de cualquier otra bandera que se use como estandarte de supremacía racial, entre otros muchos radicalismos. Por tanto, exclusivamente en este contexto yo aludía al uso que daba a los trapos sagrados en el váter, porque cuando son símbolos de concordia, tienen mi respeto.

Las lecturas que se hacen son cada vez más parciales. Toman una parte por el todo. Enfocan primeros planos. Desechan las panorámicas. Y esto sin contar que, ya en los adultos, la comprensión lectora es la más deficiente de la historia de la lectura. Añádase la intolerancia y los quejidos no cesarán.

Comentarios

Banderas. Lecturas