Dos iconos del respeto a la montaña

Juan Manuel Rionda

OPINIÓN

Reinhold Messner y Krzystof Wielicki
Reinhold Messner y Krzystof Wielicki FPA

17 oct 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

En los próximos días tendremos en Asturias a dos alpinistas considerados mundialmente como iconos vivos del montañismo universal. Ambos han sido recientemente galardonados con el premio a los deportes por la Fundación Princesa de Asturias. Se trata, nada más y nada menos, que del primero y el quinto de los conquistadores de las 14 cimas más altas del planeta. Son Reinhold Messner y Krzysztof Wielicki.

Escribir, por poco que sea, de Messner y Wielicki es hablar de dos revolucionarios del alpinismo mundial. Ambos coinciden en entender las ascensiones a las más altas cumbres con el mínimo de elementos extraños y el máximo de respeto medioambiental. Su objetivo fue ascender sin oxígeno (para evitar las miles de botellas abandonadas en altura), sin ayudas externas de sherpas, en estilo non stop, es decir, a la mayor velocidad para no exponerse al deterioro físico-mental de las alturas superiores a los ocho mil metros. Los dos continúan ligados al montañismo: Messner, escritor, conferenciante, impulsor y creador de museos de montaña en su zona natal (el Tirol italiano), miembro de Los Verdes en el Parlamento Europeo; Wielicki dedicado, desde su país natal, Polonia, a preparar gente joven para seguir logrando cumbres invernales en el Himalaya, especialmente su reto más importante, el K-2.

La singladura vital de Reinhold Messner es excepcional. Nace en Bresanova hace 74 años. En 1970 pierde a su hermano Günther en la irrepetible ascensión y el dramático descenso del Nanga Parbat (Pakistán), sobreponiéndose para ascender con un compañero, Peter Habeler, el Everest por primera vez sin oxígeno. En 1986 finaliza en el Lhotsé los 14 ochomiles, ganando la carrera a otro gran alpinista polaco, Jerzy Kukuzka, que sería el segundo en esta hazaña. Actualmente, Messner se dedica a nuevas experiencias en técnicas de supervivencia en situaciones límites, en atender a sus museos y en ser especialmente crítico con el alpinismo actual mercantilizado. «El Everest es turismo, no alpinismo», declara.