Pero ¿a qué juega Casado?


Es difícil, por no decir imposible, encontrar una coyuntura política en la que sea más fácil hacer oposición. Enfrente hay un Gobierno que llegó al poder gracias a una moción de censura apoyada por partidos independentistas y que ahora depende de un político preso y dos iluminados, uno en la Generalitat y otro en Waterloo, para aprobar sus Presupuestos. Solo cuenta con el respaldo de 84 diputados, mientras el PP controla la Mesa del Congreso, con el apoyo de Ciudadanos, donde ejercen el filibusterismo parlamentario, y el Senado, cámara que utiliza para lanzar su artillería pesada contra Sánchez. Es decir, el PP lo tiene a huevo, como vulgarmente se dice, o así se las ponían a Fernando VII, o en este caso a Pablo Casado. Sin embargo, el nuevo líder popular y su equipo han optado por hacer una oposición sobreactuada, de brocha gorda y catastrofista, que preconiza un inminente Apocalipsis, y que incluye incluso ir a Bruselas para intentar que allí tumben las cuentas públicas. Han entrado en un bucle de declaraciones a cada cual más contraproducente y exagerada. Veamos las perlas que han dejado ya en la precampaña electoral de las andaluzas. Para Casado, la Andalucía de Susana Díaz es como la Cuba de Castro; según Teodoro García, la Junta se gasta más en prostitutas que en educación; y García Tejerina sentencia sin matices que los niños andaluces saben menos que los de Castilla y León. Con este tipo de intervenciones públicas a la presidenta no le haría falta ni siquiera hacer campaña para ganar, se la están haciendo sus principales adversarios políticos. Todo esto demuestra una preocupante inmadurez y una sorprendente torpeza política que solo sirven para dar oxígeno a un Gobierno en situación de extrema debilidad.

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Pero ¿a qué juega Casado?