La Constitución del 78, entre el deseo y el miedo

OPINIÓN

MARCOS MÍGUEZ

19 nov 2018 . Actualizado a las 16:44 h.

El próximo mes de diciembre se celebrará el 40 aniversario de la Constitución española. Efeméride importante que probablemente será utilizada de forma partidista para buscar réditos electorales usando, por ejemplo, el conflicto catalán como telón de fondo y arma arrojadiza. Conflicto que, gracias a la simplificación, se ha polarizado en dos supuestos bloques: el «constitucionalista» y el «independentista». En este contexto, las voces que reclaman una tercera vía, la del encaje constitucional del derecho a decidir, apenas han tenido eco.

Quizás por eso conviene volver la vista a las imperfecciones de nuestro texto constitucional con el principal objetivo de hacer de él una herramienta actualizada y adaptada a la realidad de hoy que no es la de hace 40 años. Mientras la Constitución española apenas ha sido modificada, nuestra sociedad ha evolucionado y poco se parece a la de 1978.

Uno de los principales déficits de la Constitución del 78 es, entre otros, el limitadísimo elenco de recursos para que la ciudadanía pueda participar de manera directa en los asuntos de importancia que les afectan. Esto es, el reconocimiento del derecho a decidir, participar y tener voz sin mediaciones, que se plasmaría en la reforma de los artículos que hacen referencia a las herramientas de participación directa en la vida política.